PADRES INVOLUCRADOS


Los 8 hábitos de los padres altamente efectivos

por Chris Erickson

A menudo nos llena de sorpresa que los jóvenes que han recibido una educación cristiana abandonen la práctica de su fe. Pero examinemos los hechos. La madre llevaba a los hijos a la iglesia, mientras el padre se pasaba el domingo mirando el fútbol. Los hijos casi nunca lo veían rezar.

No se necesita más explicación que ésta.

Padres, son ustedes “los primeros anunciadores de la fe” para sus hijos (Catecismo de la Iglesia Católica, 1656, 2225). La “primera evangelización” comienza en su propio corazón, y cuando echa en él sus raíces, se contagia a toda la familia.

El Papa Juan Pablo II escribió: “A través de la familia discurre la historia del hombre, la historia de la salvación de la humanidad … la familia se encuentra en el centro de la gran lucha entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte, entre el amor y cuanto se opone al amor. A la familia está confiado el cometido de luchar ante todo para liberar las fuerzas del bien, cuya fuente se encuentra en Cristo, redentor del hombre.”

Padres, ustedes son llamados a liberar a sus hijos como “fuerzas del bien” sobre el mundo. Adoptando los ocho hábitos siguientes estarán en vías de alcanzar su meta.

1. Aprenda sobre su fe

Lea un capítulo o un pasaje de las Sagradas Escrituras y del Catecismo cada día. El Papa Juan Pablo II instó a las familias “a usar el Catecismo de la Iglesia Católica para aprender sobre la fe y responder a todas las preguntas que surjan, en especial las dudas morales a las que se enfrentan todos hoy en día”. No podemos transmitir a nuestros hijos lo que nosotros no nos hemos tomado en el tiempo de aprender.

2. Ponga en práctica lo que aprende

El hecho de conocer las instrucciones de Dios no nos beneficiará ni a nosotros ni a nuestros hijos si no las vivimos. La primera responsabilidad de un padre es ser un testimonio cristiano para sus hijos. Nuestro hogar puede ser un remanso de virtud moral si la fomentamos por medio de nuestro ejemplo.

3. Enseñe las verdades de Cristo personalmente

Los padres son los primeros educadores de sus hijos y los más importantes. Enseñe a sus hijos sobre Dios por su propia experiencia. Hay una gran diferencia entre “saber sobre Dios” y “conocer a Dios”. Comparta con ellos las sencillas historias de fe que muestran su forma de relacionarse con Dios en la vida diaria. Dios debe ser tan real para ellos como lo es usted.

4. Recen juntos

La Misa, la Confesión, la celebración de los días festivos, la lectura de la Biblia o de la historia de un santo y, sobre todo, la oración diaria, todas se pueden llevar a cabo juntos.

Esta práctica une a una familia en la fe, y cada vez que se estrechan los lazos familiares es una victoria para la sociedad. Aunque no tenga más que cinco minutos para la oración de la noche, no subestime su valor. En el niño persisten hasta la edad adulta estos recuerdos, estas “semillas de la fe”.

5. Dedique tiempo a sus hijos

No deje que sus esfuerzos por conseguir el éxito o la fortuna le impidan satisfacer la necesidad fundamental que tienen sus hijos de conocerlo como padre. Sí, debe procurar el bien de su familia, y parte de ello es el tiempo que pasa con ella.

Las grandes verdades de nuestra fe y nuestra propia relación con ellas pueden enseñarse en el transcurso de una conversación normal, mientras arreglan el auto, buscan insectos, van a acampar, a pescar, de excursión, o cuando cuidan el jardín o hacen deporte.

6. Vigile las ventanas del alma

Vigile cuidadosamente los medios de comunicación que pueden perder a su familia. ¿Qué le parecería que el papá invitara a dos extraños a su casa y que durante una hora se dedicaran a lanzar insinuaciones sexuales a través de sus palabras, su modo de vestir o su comportamiento?

¿No sería escandaloso? Sin embargo, a menudo dejamos que entre este tipo de actitud a nuestra casa a través de los medios de comunicación. Padres, no emboten el sentido de pecado de su familia. Con un pequeño esfuerzo pueden encontrar alternativas más sanas.

 7. Vigile las amistades de sus hijos.

Trate de conocer a los amigos de sus hijos, o al menos trate de definir sin son una buena o una mala influencia. No hay niño perfecto, así que evite ser excesivamente escrupuloso.

8. Haga de su hogar un lugar de paz y tranquilidad; empiece por amar a su esposa.

“Amen a su esposa como Cristo amó a la Iglesia” (Efesios 5:25). Parece ser mucho pedir, pero sus hijos se relacionarán con las mujeres de manera muy semejante a la forma en que usted se relaciona con su esposa; y sus hijas aprenderán con su ejemplo lo que deben desear y esperar de los hombres.

San Juan Crisóstomo escribió que el hogar debe ser una “pequeña iglesia”, un Reino de Dios en miniatura. ¿Es su hogar demasiado severo, exige demasiado de los hijos? ¿O quizá faltan reglas y éstas no se aplican?

¿Papá está siempre demasiado ocupado y mamá a menudo irritable? ¿El ambiente amenaza tormenta? Si es así, cada cual buscará su libertad y se irá por su cuenta. Valore la honestidad y el trabajo duro, ofrezca mucho amor, acepte sus errores, pida perdón y ría mucho.

Adorne su casa con recuerdos constantes de su fe cristiana: un crucifijo, o los cuadros o estatuas de escenas sagradas nos traen a la mente los episodios de la vida de Nuestro Señor.

Ahora, padres, la pelota está en su cancha. Muéstrense confiados, consistentes y animosos. ¡Sus hijos de lo agradecerán!

Extracto con autorización de Lay Witness Magazine (Junio del 2000)