El amor – Es cosa de hombres

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Se trata más de hacer el bien que de sentirse bien

Por Brian Caulfield, editor de PPS

Hombres, he aquí la buena nueva. El amor no es como esas escenas cursis de las películas a las que le arrastraba su novia, ni tampoco como las palabras de esa canción que preferiría sacarse de la cabeza. Claro que el amor tiene mucho que ver con las emociones, y hace que se sienta bien, pero no son éstos los aspectos más importantes del amor, y no siempre duran.

El hecho es que el amor – el tema que los hombres suelen evitar con sus amigos o incluso su esposa – es realmente COSA DE HOMBRES. Pero no confíe en mi palabra, sino en la de Dios.

“No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”, dijo Jesús la noche anterior a su crucifixión.

Ahora eso es algo con lo que los hombres pueden sentir afinidad. El amor tiene más que ver con actos que con sentimientos. De hecho, el amor puede implicar sobreponerse a sus emociones para actuar de manera heroica. ¿Quién, después de todo, tiene ganas de dar la vida por sus amigos, o incluso su familia? Es necesario sobreponerse al temor emocional de la muerte para que se revele la verdadera naturaleza del amor.

Acción, determinación, solidez, perseverancia, sacrificio... son cosas de hombres.

Continuemos.

He aquí algo que quizá no ha oído desde el púlpito recientemente, pero es lo que enseña la Iglesia: el amor es un acto de voluntad. Consúltelo en el Catecismo de la Iglesia Católica (párrafo 1766):

 “Amar es desear el bien a alguien. Los demás afectos tienen su fuerza en este movimiento original del corazón del hombre hacia el bien.”

El amor implica primero que nada la voluntad, no las emociones. Otra cosa de hombres.

El amor también pide sangre, sudor y lágrimas, el hombre entero y todo lo que puede dar por el ser amado. Éste es el tema de buena parte de la literatura, desde los clásicos griegos hasta nuestros días. El amor derriba fronteras, lucha por alcanzar lo eterno, realiza grandes hazañas y corre toda la noche para ver a su ser querido.

Después de todo, ¿qué hombre no se ha sentido conmovido hasta lo más profundo por la canción “The Impossible Dream”? ¿No ha intentado “con sus últimas fuerzas” alcanzar “la estrella inalcanzable”? Quizás es cursi, pero no deja de ser emocionante y edificante. Para amar, los hombres deben tener ideales, sueños, búsquedas imposibles, peligros y conquistas.

Volviendo a lo religioso, llegamos a San Pablo. Pronunció algunas sabias palabras sobre el amor, que suelen pasar inadvertidas durante los momentos más emocionales de la ceremonia de matrimonio, donde a menudo se leen. Tome un momento para reflexionar sobre las palabras en el contexto de la fuerza y la virtud del hombre:

El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.

 El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

 El amor no pasará jamás.

 En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor”

Vemos cómo San Pablo dice lo que el amor no es (no es envidioso, no se envanece, no procede con bajeza), al igual que lo que sí es (paciente, servicial) y lo que sí hace (soporta, cree, espera, se regocija). Éste es un excelente bosquejo de lo que es el amor, y es algo con lo que los hombres deben sentirse muy cómodos.

Finalmente, miremos a nuestro papa actual, Benedicto XVI. ¿Qué dice sobre el amor? Escribió un libro al respecto, o al menos su primera encíclica (documento magisterial) sobre el tema del amor. Que no lo asuste el latín: Deus Caritas Est significa Dios es Amor.

El amor y Dios pueden parecer temas que solo conciernen a las mujeres, si se piensa que la religión es solo para mujeres y niños, si se ha abandonado la gran búsqueda de los misterios más profundos de la vida para alcanzar esa “estrella inalcanzable”. No cabe duda de que la religión – la búsqueda de la inmortalidad, la verdad, la belleza y el significado último – es, o debería ser, cosa de hombres.

En su carta sobre el amor, el Papa Benedicto escribe muy abiertamente sobre los hombres, las mujeres y el sexo. Dice que el eros, comprendido como deseo sexual, es bueno y saludable. Es parte del amor que Dios implanta en nuestro corazón, para sacarnos de nosotros mismos y acercarnos a los demás. Pero el eros descontrolado puede convertirse en deseo egoísta que ve al otro como objeto sexual y no como persona. Creo que todos sabemos a qué se refiere.

El eros – inmaduro y egoísta – debe ser atemperado y purificado por el ágape, que es, explica el papa, “la experiencia del amor que ahora ha llegado a ser verdaderamente descubrimiento del otro, superando el carácter egoísta que predominaba claramente en la fase anterior. Ahora el amor… ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca.”

Ya lo adivinó, es cosa de hombres.