DESAFÍOS COMUNES

Disciplina para principiantes

Hace poco tiempo, pasamos por una fase con mi hijo de 4 años en la que "ponerlo un rato a pensar en lo que había hecho" no resolvía el problema. Después de portarse mal, lo mandábamos a su cuarto durante un tiempo definido, él volvía con un "lo siento" hasta cierto punto sincero, y poco tiempo después se estaba portando mal de nuevo.

Estaba desafiando nuestros límites y nuestra autoridad, y decidí que se necesitaba una dosis de disciplina más rígida. Incluso después de que manifestaba arrepentimiento por una travesura seria, empecé a quitarle algunos privilegios, por ejemplo, ver vídeos o jugar con sus muñecos favoritos, Winnie the Pooh y Tiger. "Si lo vuelves a hacer te quedarás sin vídeos el resto del día de hoy y mañana", le anunciaba.

Pues bien, una vez mi hijo logró conquistar un castigo de cuatro días enteros sin vídeos. A la mitad del período de castigo, sintiendo profundamente la pérdida de sus fieles amigos de la TV, me apareció con una cara larga de verdadero sufrimiento y me pidió que le redujera un día del castigo total.

Me llamó mucho la atención, no sólo por la sinceridad de su tristeza sino por la naturaleza de su pedido. No quería ver el vídeo en aquel momento, parecía que tenía noción de que aún era justo un cierto grado de castigo. Sólo quería que le acortaran la duración de su "purgatorio" personal.

"Bueno", le dije, "voy a reducirte el castigo en un día si te portas muchísimo mejor el resto de la tarde y de la noche."

Considerando mi naturaleza tranquila y la impaciencia de ver la sonrisa de mi hijo, confieso que me resultaba bastante difícil mantener esta rutina. Pero opté por el camino difícil y me arriesgué a ver las lágrimas y la frustración en su rostro.

Como me preguntaba si mis ideas sobre disciplina eran sensatas, llamé a un experto, el psicólogo Dr. Ray Guarendi, quien escribe la columna "Family Matters" en el National Catholic Register. Su experiencia personal incluye criar 10 niños con su esposa.

"Has descubierto la verdad de la paternidad moderna", me dijo. "Lo que la gente llama disciplina realmente es una versión aguada que se presenta así para el consumo popular. Claro que las cosas no se resumen a mandar al chico al cuarto o a ponerlo a pensar 5 minutos en un rincón. Cuando se portan mal continuamente ameritan una disciplina fuerte continuamente. Nuestros niños desafían los límites y tenemos que estar preparados para mostrarles que hablamos en serio cuando les decimos que algo no es correcto".

"Como padres, lo que necesitamos es asumir un enfoque más firme de la disciplina", afirmó Guarendi.

Scott Hahn, en su libro Scripture Matters (Emmaus Road, 2003), escribió: "Una de las maravillas del plano de Dios es que Él les ha dado a los padres un sacerdocio y a los sacerdotes una paternidad. Dentro de la familia, el padre se coloca ante Dios como sacerdote y mediador. Dentro de la Iglesia, el sacerdote se coloca ante su parroquia como un padre.

"Esta es una verdad poderosa. Y es mucho más que una metáfora. Es algo profundamente sacramental y está incorporado en la estructura del plan de Dios desde el principio".

Tal vez estoy en el camino correcto, en la medida en que recuerdo que quien disciplina debe estar abierto a la disciplina de nuestro Padre. Como dice San Pablo, "Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por él; Pues a quien ama el Señor, le corrige; y azota a todo los hijos que reconoce" (Hebreos 12:6)

Esto puede sonar muy duro en una cultura que ve el mal comportamiento desde la óptica de la psicología secular y trata a los chicos problemáticos con diversos medicamentos recetados.

A pesar de eso, me parece que muchos padres estarían más dispuestos a imponer disciplina si recibieran más modelos positivos. No hace falta que les pegues, pero la disciplina debe ser importante y constante. Tu niño será quien salga ganando en el futuro.