DESAFÍOS COMUNES

La Terrible Doslandia

Algunos padres le llaman la desintegración, otros usan la palabra más familiar "berrinche". Yo le llamo la Tierra de los Terribles Dos. Es un lugar (que nunca está suficientemente lejos) adonde va nuestro niño cuando no logra lo que quiere o cuando lo que desea es más atención.

Por ejemplo, está feliz con su postre mientras mami y papi terminan la cena, cuando de repente hay un pie en la mesa y luego otro en el flan. Una reprimenda seria no es suficiente, y antes de que lo alcance, nuestro hijo está lanzando una patada voladora contra el mantel.

Hasta ahora, la Tierra de los Terribles Dos es un lugar al que mi hijo sólo va de visita. Aunque a veces parece un conquistador reclamando su tierra y muestra una lealtad a ese reino que amenaza nuestra vida familiar... Da la impresión de que tiene un motivo interno muy bien calculado para ser malvado, violento, desobediente y generalmente negativo. Claro que aún no se ha establecido su alianza: no ha desarrollado su conciencia interior o el libre arbitrio, que dirijan sus acciones y decisiones. En el mundo grande de la responsabilidad, es apenas un viajero. Algunas veces está en el camino correcto al seguir los buenos ejemplos de los otros; en otras ocasiones, se pierde en la multitud de pensamientos, deseos, emociones y necesidades inmaduros; y otras tantas corre precipitadamente hacia la entrada de los Terribles Dos. "¡No!" "¡Yo!" "¡M&oicute;o!": son las contraseñas para esa tierra, y él puede atravesar la frontera tan rápidamente como su sonrisa se le transforma en una mueca con el labio inferior fruncido.

Los padres de niños que están en esa edad o cerca de ella tienen una simpatía y afinidad natural entre si. "¿Tiene 2 años?" nos preguntamos uno al otro con sonrisas comprensivas mientras nos cruzamos en los corredores del supermercado, o luchamos para sujetar un par de pantalones que se retuercen en el banco de la iglesia, o nos paramos en el parque con las manos en la cintura sin poder hacer nada mientras nuestro pequeño burlonamente explora los estrechos pasadizos de un juguete al que no podemos llegar.

"Este comportamiento parece que se activó de repente el día después de su segundo cumpleaños,” repite mi esposa constantemente, disculpándose con los vecinos, los extraños o con cualquiera que la escuche.

El papel de papá

Como yo lo veo, mi misión como padre es asegurar que mi hijo no se quede en la Tierra de los Terribles Dos por mucho tiempo y no se transforme en el soberano de su propio pequeño reino: la Terrible Doslandia. Todos hemos conocidos a adultos que son los tiranos de Doslandia y que se esfuerzan por hacernos la vida miserable a nosotros y a si mismos.

Para librar a mi hijo de tan fatal destino, algunas veces necesito ser un papá experto en operaciones especiales y hacer una redada para salvar a ese pequeño cuando su comportamiento lo amenaza a él mismo o a otros. Es una operación relámpago: tijeras fuera de las manos, lápices fuera de la oreja, veneno fuera del alcance. Otras veces me toca ser el policía bueno para convencer a mi hijo de que se baje del precipicio testarudo del 'no' en el que no está seguro de que quiere estar. O soy el hábil mediador que lo insta a darse cuenta de que la galleta que él exige no vale la pena a cambio de los beneficios que cosechará si se termina su leche.

Sin embargo, con bastante frecuencia me toca el personaje frustrado "Porque soy tu papá", mientras lo agarro por los fondillos del pantalón y lo suelto en su cuarto, donde puede hablar al respecto con su animal de peluche favorito.

Mi esposa y yo oímos cómo su intelecto, voluntad y conciencia se desarrollan a medida en que nuestro hijo le apunta el dedito al Oso Azul y le explica lo que se puede y lo que no puede en nuestra casa: "No se puede lanzar los juguetes. No se puede patear la mesa. No se puede rayar los muebles". Después del tiempo determinado, cuando lo dejo volver a la tierra de la familia y la comunidad, sonríe sin parar. Feliz, pronuncia su más sincero "lo siento" (que está bien por el momento) y ¡entonces es hora de más flan!