Espiritualidad del Padre


Llegando a conocer a Dios personalmente

por Padre Martin Pable, OFM

Una vez que nos damos cuenta de nuestra necesidad de Dios, lo que se puede llamar nuestro “despertar”, el siguiente paso espiritual es un compromiso personal.

Nos encontramos diciendo, quizás sin tantas palabras, “Señor Jesús, me quiero entregar totalmente a ti. Ya no quiero vivir por mí. Quiero que seas el centro de mi vida. Acepto el don de tu amistad y te pido que me ayudes a vivir como tú quieras que yo viva. ”

Temo que la Iglesia Católica no ha subrayado suficientemente este compromiso personal y dinámico. Quizás nos hemos preocupado en concentrarnos en la liturgia, en cambiar la organización de las iglesias y en motivar la gente para que se involucre en la justicia social. Todo esto es necesario, pero debemos tener cuidado de no perder nuestro “centro.”

Todos conocemos hombres trabajadores, responsables y buenos hombres de familia. Van a Misa cada domingo y posiblemente van a confesarse una o dos veces al año. Mas les falta corazón, su religión no les entusiasma. Es como un compartimento separado que nunca se compenetra con los otros compartimentos de sus vidas. No participan en la vida de la parroquia, excepto quizás para ayudar en la preparación del festival anual. No tienen más conocimiento de su religión de lo que aprendieron en la escuela o la preparatoria. Con gusto asisten a cursos y talleres para mejorarse en su trabajo, pero jamás piensan en hacer lo mismo en relación con su fe cristiana. Estos hombres pertenecen a un gran ejercito de ¨Católicos de domingo, ¨ que responsablemente caminan con paso lento y pesado por el camino de la salvación.

Sin embargo muchos hombres están diciendo, ¨Tiene que haber más.¨ Y tienen razón.

La espiritualidad tiene que dar energía y debe mejorar la vida, no debe ser una pesadilla, dijo Jesús. ¨Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia¨ (Juan 10,10). Ciertos hombres me han confiado acerca de las cosas bellas que les han comenzado a pasar una vez que se abrieron a una relación personal con Dios. Llegaron a conocer la presencia y el amor de Dios de una manera nueva, de un modo personal.

¨Creo que sabía mucho acerca de Dios, ¨ dicen, ¨pero ahora, conozco a Dios.¨

Experimentan a Jesucristo como a un amigo, que camina a su lado, que guía sus decisiones, que les da fortaleza en los tiempos de tensión. Encuentran fácil hablar con él en la oración. Las palabras de la Escritura tienen un significado nuevo y personal. Ya no se preocupan de sus problemas porque sienten una paz inmensa y tienen confianza que el poder del Señor les ayudará. También sus limitaciones y faltas ya no les parecen horribles porque se sienten amados y aceptados en el núcleo de su ser.

Este artículo es un extracto de “The Quest for the Male Soul (Ave Maria Press, 1996)