ESPIRITUALIDAD DEL PADRE

Un hombre con una misión

por Joseph McInerney

El espíritu de la paternidad es la realización personal: para usted y para sus hijos

Supongamos que le dan a elegir: por un lado, el auto de sus sueños con todas las opciones y una casa de verano en la costa, y por el otro, una vida de duro trabajo diario compartida con gente que usted realmente ama y que lo ama de verdad.

¿Qué opción elegiría? Piénselo bien.

La respuesta depende de qué es lo que lo hace feliz de verdad. Si la felicidad y la realización personal no se limitan a la comodidad material, ¿dónde podemos acudir en busca de la verdad relativa a estos sentimientos?

Si bien siempre existe un límite para la cantidad de cosas que se pueden acumular o para la cantidad de autos que caben en el garaje, no existe límite para la cantidad de felicidad que el corazón humano puede recibir, o dar. Lo mismo ocurre con el amor.

En definitiva, el corazón humano busca el amor infinito y eterno de Dios.

El Concilio Vaticano II nos dice que debemos buscar a Jesucristo para hallar el significado de la realización personal. "Cristo (...) en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación" (Gaudium et Spes, 22).

El padre cristiano debe buscar al Dios hecho hombre, Jesucristo, para hallar el significado de la felicidad y la vida humana. Al acudir a Cristo, vemos una concepción de la felicidad muy diferente de la que ofrece nuestra cultura de consumo.

Misión: la redención

El papel de Cristo en la Tierra se puede describir como una misión. Dios Padre envía a su único Hijo para reconciliar al mundo con Dios. En otras palabras, la misión de Jesús es nada menos que salvar las almas de toda la gente de todos los tiempos.

Cristo cumple esta misión mediante sus papeles de sacerdote, profeta y rey. Como el sacerdote perfecto, Cristo se ofrece en perfecto sacrificio por la salvación de toda la humanidad. Como profeta, transporta por el mundo el mensaje de reconciliación de Dios enseñando acerca de Su amor y misericordia. Como rey, gobierna el universo ejerciendo su autoridad mediante la solidaridad y la humildad.

La misión del padre moderno es, al igual que la de Cristo, la salvación de las almas. La diferencia es que la misión de Cristo es universal: consiste en la salvación de toda la humanidad. La misión del padre consiste, principalmente, en la salvación de su familia. Más allá de la diferencia en magnitud, el padre tiene a su disposición los mismos métodos para cumplir esta misión de salvación.

Al recibir la gracia de Cristo en los sacramentos del Bautismo y del Matrimonio, el padre comparte la gracia de la muerte y la resurrección de Cristo con sus hijos. También es sacerdote, ya que acerca a sus hijos a los sacramentos y así les permite recibir de manera directa la gracia de Cristo.

El padre es un profeta, el portador del mensaje de Dios, para sus hijos cuando cumple su obligación de enseñarles la fe católica.

Finalmente, desempeña el papel de rey de Cristo al ser la cabeza espiritual de su familia. Este liderazgo siempre se ejerce al estilo cristiano, no al estilo mundano. La obligación del padre de liderar a su familia con santidad no es un llamado a la dominación, sino al servicio.

La realización personal del padre

Cada semana en la misa, al recitar el Gloria, aprendemos que Cristo es el único santo. Al seguir la vocación de la paternidad, el hombre es llamado a imitar la santidad que llevó a Cristo a entregarse por completo por amor a sus hermanos y hermanas. En lo más profundo, entonces, la paternidad es un llamado a la santidad. El ejemplo de Cristo demuestra que la santidad consiste en el regalo radical de entregarse a los otros.

La paternidad es la misión que permite que el hombre se entregue sin reservas. Por ende, es a través de la paternidad que la mayoría de los hombres encuentra su mayor felicidad. Eludir la paternidad por quedarse con ese auto soñado o esa linda casa de verano es robarse a uno mismo una de las experiencias más enriquecedoras de la vida. Al llamar a los hombres a entregarse a los otros, Dios llama a los padres a una vida de santidad admirable, felicidad indescriptible y realización verdadera.

Joseph McInerney, recibido en el Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia, vive en Alexandria, Virginia, EE.UU., con su mujer y cinco niños. El es también un miembro del Concilio de Springfield 6153.