ESPIRITUALIDAD DEL PADRE

El sacerdote como padre espiritual

por Tim Drake

Imagínese a alguien corriendo hacia el altar en la Misa, tras la consagración, con intenciones de profanar la Eucaristía. El sacerdote, por instinto, se movería para protegerla, en un acto de preocupación paterna por la hostia sagrada que se le confía de manera especial.

Si bien esta escena es poco probable, no deja de ser cierto que hemos perdido de vista un aspecto importante de la vida católica llamado Iglesia militante, que reconoce que la Iglesia sigue peleando una batalla contra las fuerzas del mal. La noche de su arresto, Cristo le ordenó a Pedro que enfundara la espada que había sacado para enfrentar a los soldados romanos. Cristo luego fue a la cruz y, con la espada de la salvación, mató a la muerte y descendió al infierno, donde hirió de muerte a Satanás. Pero la batalla contra el mal todavía continúa y continuará hasta que vuelva Cristo.

Con qué frecuencia recordamos que Cristo es un rey, y que a veces los reyes deben ser líderes en la batalla. La Iglesia está alistada a la espera de esa batalla final. Es una lucha que no depende de la fuerza humana, sino que depende por completo de Dios.

Es por esto que necesitamos sacerdotes: para que nos dirijan en esta batalla y nos alimenten con los sacramentos, la fuente de vida divina y de fuerza para nuestras almas.

Comunión fraternal

En el mundo y los medios de comunicación de la actualidad, existen muchos ejemplos de relaciones masculinas problemáticas. El sacerdocio, basado en la vida de Cristo, es el ejemplo supremo de la comunión masculina de la manera que corresponde.

Siempre que los católicos se reúnen en la Misa para recordar ("Hagan esto en conmemoración mía") el momento fundamental de la historia de la salvación, los reúne un hombre de la fraternidad del sacerdocio: una fraternidad de hombres que sacrificaron el matrimonio y los hijos para atestiguar la verdad de que la vida eterna proviene de la unión sacramental con Cristo.

Estos hombres renuncian al matrimonio para llevar a cabo de la mejor manera la misión de Cristo en la estructura jerárquica de la Iglesia que Él fundó.

El misterio de la paternidad

"Autoridad... obediencia: Para ser franco, no son palabras fáciles de decir hoy en día", dijo el Papa Benedicto XVI en la Misa celebrada en el estadio de los Yankees de Nueva York el 20 de abril de 2008. "Este tipo de palabras representan una ‘piedra en el camino’ para muchos de nuestros contemporáneos. ... Sin embargo, a la luz de nuestra fe en Jesucristo (...) logramos ver en su totalidad el significado, el valor y, de hecho, la belleza de estas palabras."

En una época en que la autoridad masculina y la paternidad atraviesan tiempos difíciles, la paternidad y la autoridad del sacerdote también sufren.

Hemos perdido la capacidad de ver que el patriarcado eclesiástico –o la "paternidad" sacerdotal– es el reflejo de un bien natural. La Iglesia, mediante su estructura, le enseña al mundo una verdad difícil de aceptar.

Cristo creó la Iglesia a partir de un grupo de hombres que inició una nueva relación en la Última Cena. Al igual que la Trinidad, la jerarquía de la Iglesia es una relación de personas que consta del Papa, los obispos y los sacerdotes y se centra en Cristo.

Al igual que los padres biológicos, no serán todos perfectos, pero llevan una imagen de Dios Padre, que va más allá de las limitaciones humanas.

Llamamos "Padre" a los sacerdotes porque engendran nueva vida dentro de nosotros y nos llevan hacia nuestro hogar en el cielo.

Este artículo se adaptó del National Catholic Register Copyright (c) 2007 Circle Media, Inc.