PADRES INVOLUCRADOS


El drama y el dilema de la paternidad

por Donald DeMarco

Hacia el final de su éxito editorial a nivel internacional Cruzando el umbral de la esperanza, el Papa Juan Pablo II hace este sorprendente comentario: el pecado original es, ante todo, un intento por “abolir la paternidad”.

La tradición nos enseña que el primer pecado fundamental de nuestros primeros padres fue de desobediencia y orgullo. Sin embargo, estas palabras describen la actitud interna de Adán y Eva. Si pensamos que el objeto de su ofensa fue Dios mismo, entonces vemos que su pecado fue en contra de Su Paternidad.

Según la serpiente, al abolir la paternidad y su autoridad, Adán y Eva quedarían libres de cualquier restricción y se convertirían ellos mismos en dioses. La tradición también nos enseña que este Pecado Original llevó directamente a la Caída de proporciones catastróficas que tenemos que soportar hoy en día.

Los intentos por abolir la paternidad no han disminuido en el presente. En la solapa de su controvertido libro La brújula dorada (del que hicieron una película famosa), Philip Pullman escribe lo siguiente: “Definitivamente estoy del lado del tentador. La idea es que el pecado, la Caída, fue una buena cosa. Si no hubieses ocurrido, aún seríamos títeres en manos del Creador.” La intención de Pullman es clara: “Estoy a favor de la muerte de Dios.” “Mis libros hablan de matar a Dios.” “Soy del partido del Diablo y lo sé.” El mal principal de La Brújula Dorada recibe el nombre de “la Autoridad”.

En defensa de papá

Por otro lado, son muchos los expertos que expresan la importancia crítica del padre. El psiquiatra Fred Goodwin, director del Centro de Neurociencia de la Universidad George Washington, afirma lo siguiente: “La ausencia del padre es el elemento que mejor permite predecir una conducta antisocial.”

Aun Sigmund Freud, que no se distingue por ser amigo del cristianismo, afirmó la importancia indispensable de la paternidad, cuando dijo “No puedo señalar ninguna necesidad tan fuerte en la infancia como la protección de un padre”.

David Blankenhorn ha escrito un importante estudio sobre la forma en que la sociedad norteamericana actual denigra la paternidad que tanto necesita: Fatherless America: Confronting Our Most Urgent Problem (Basic Books, 1995).

Blankenhorn muestra que la falta de padre es la tendencia demográfica más negativa de nuestra época: la principal causa de la declinación del bienestar de los niños, así como el motor de nuestros problemas sociales más apremiantes, desde la criminalidad hasta el embarazo de adolescentes, el abuso infantil y la violencia intrafamiliar en contra de las mujeres. A pesar de los problemas sociales que ha creado la ausencia del padre, nos dice, existe un esfuerzo concertado por “desculturizar” la paternidad. Nuestra sociedad no se limita a vilipendiar la paternidad, también quiere abolirla.

Juan Pablo II dejó claro en su obra “La teología del cuerpo” que el plan de Dios para la paternidad humana es muy diferente de la imagen distorsionada que resultó del Pecado Original. Desde el principio, según el Génesis, el hombre y la mujer estaban destinados a disfrutar de una unión de dos en una sola carne que es imagen de la Trinidad. Como resultado del Pecado Original, el hombre y la mujer sufrieron una herida. En Génesis 3:16 leemos lo siguiente: “Sentirás atracción por tu marido, y él te dominará.”

La noción de que el marido gobierna a su mujer describe una forma de dominación. Como lo explicó Juan Pablo II, este comportamiento inaceptable también afecta la paternidad del hombre y pide a gritos la redención. Así, los hombres enfrentan una decisión crítica: o se adaptan a la imagen distorsionada del hombre y la paternidad, o se transforman según el plan original de Dios.

Un amor de padre

La Paternidad de Dios es el modelo de la paternidad del hombre. No cabe duda de que Dios Padre tiene una posición de autoridad. Después de todo, fue el autor de la creación, y también la autorizó. Pero Su Autoridad es inseparable de Su Amor.

Así, un padre también debe gobernar con amor para que su guía se dirija a lo mejor para sus hijos. Es más, usa su autoridad en pro de la libertad, pero es una libertad que debe entenderse como la libertad de hacer el bien.

La paternidad está herida y acosada. Pero existe la esperanza de su restauración. Se ha dicho que lo mejor que puede hacer un padre por sus hijos es amar a su madre. Se ha dicho también que lo mejor que puede hacer una madre por sus hijos es presentarles siempre a su padre como un gran hombre. El respeto y el amor mutuos de los esposos los ayudan a convertirse en una mejor madre y un mejor padre, y es un gran beneficio para los hijos.

Donald DeMarco, un popular ensayista católico, es profesor adjunto del Seminario de los Santos Apóstoles de Cromwell, Connecticut.