PADRES INVOLUCRADOS


Enseñe con el ejemplo

por John Zimmer

Como padre de tres niños pequeños, constantemente me recuerdan cuánto los niños imitan a sus padres.
Los humanos aprenden a través de la imitación. Todos buscamos héroes. Nos modelamos según los otros. Si esto es así con los adultos, lo es aún más con los niños. Y aunque los niños imitan a sus amigos, la influencia principal en la primera infancia y la adolescencia (los años de mayor formación) son sus padres.

Esto nos lleva a la importancia de la virtud y el carácter. En términos de la naturaleza, nuestros hijos podrán crecer en virtud en la medida en que nosotros, sus padres, seamos virtuosos.
Tenemos nuestro propio modelo en Jesús, quien vino como imagen de su Padre en el cielo, para “imitar” a su Padre, para hacer su voluntad.

Aunque nunca podemos ser como Jesús, se nos ha dado la capacidad de seguir su ejemplo.

En el Génesis, Dios dice “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que tenga autoridad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo, sobre los animales del campo, las fieras salvajes y los reptiles que se arrastran por el suelo".

Observe lo que pasa aquí: Dios le da dominio a la humanidad sobre la creación. ¡El dominio es el trabajo de Dios! Dios dice “Hagamos al hombre a nuestra semejanza como un hijo y démosle el trabajo que sería nuestro, gobernar el universo, y lo hará por nosotros”.

Nuestros hijos podrán crecer en virtud en la medida en que nosotros, sus padres, seamos virtuosos.

Dios nos confía a nosotros, sus hijos creados, el trabajo que le corresponde a él. No es una relación de amo-esclavo, sino la de un hijo que hace el trabajo de su padre.

Se nos han dado funciones y responsabilidades que realmente pertenecen a Dios. Esto debería elevar el nivel de nuestra dedicación como padres. Es el trabajo de Dios educar a los hijos y, sin embargo, nos confió esa función a nosotros. Qué responsabilidad formidable.

Entonces, en términos prácticos, existen dos aspectos relacionados con la formación del carácter de los que deberíamos preocuparnos como padres. En primer lugar, ¿cómo crecemos como padres en el carácter de Cristo? En segundo lugar, ¿cómo ayudamos a nuestros hijos a crecer en la imagen de Cristo?

Estas son tres formas en las que puede abordar ambos aspectos:

1. Pase tiempo con su padre

Para usted: Necesitamos pasar tiempo con Dios en oración, abriéndonos a su gracia y pidiéndole que revele cuáles imágenes tenemos que no son de Él. Pídale sinceramente a Jesús que lo ayude a tomar Su imagen de manera más profunda y real. “La oración restablece al hombre en la semejanza con Dios" (Catecismo, 2572).

Para sus hijos: Existe una necesidad vital de que los padres les dediquen tiempo (tanto calidad como cantidad) a sus hijos. Uno de los factores clave en la formación de la identidad es la relación con las personas mayores, en especial los padres y las madres.

En las generaciones anteriores, los hijos trabajaban con sus padres en el campo y las hijas se quedaban en el hogar con sus madres. Aunque no podemos volver a esa época, podemos hacer todo lo posible para pasar tiempo con nuestros hijos.

2. Llene la mente con imágenes semejantes a Cristo

Para usted: Medite sobre las Escrituras. Lea las vidas de los santos. Llene su mente con imágenes nobles de personas con un carácter semejante a Cristo. Cuanto más llene su mente con imágenes religiosas, más fácil será seguir dichas imágenes.

Para sus hijos: Además de leer las vidas de los santos, que resulta especialmente útil para los niños, tenga presente qué imágenes llenan las mentes de los niños. Nuestra sociedad les lanza constantemente imágenes a nuestros hijos: desde películas y música hasta deportes y avisos publicitarios. Elija con sabiduría a qué imágenes están expuestos sus hijos durante todo el día.

3. Crezca en virtud

Para usted: Reflexione sobre sus vicios y dónde necesita crecer en virtud. Elija una sola virtud (no trate de solucionar todo a la vez) e intente activamente crecer en ella. Pídale a alguien que lo responsabilice de ello. Sea muy práctico.

Para sus hijos: Una buena manera de ayudar a los niños pequeños a crecer en virtud es a través de la práctica de los modales. Practicar la amabilidad diciendo por favor y gracias ayudará al mismo niño a practicar la amabilidad de otras formas. Los buenos modales son los guardianes de la virtud y, como beneficio colateral, ¡los niños con buenos modales crean un hogar más acogedor! A medida que los niños crecen e ingresan a la adolescencia, puede ayudarlos a desarrollar virtudes más “significativas”.

Este artículo se extrajo de Lay Witness Magazine (mayo/junio de 2004).