Bueno Para Las Madres


Cómo hacer que el matrimonio funcione

por Clayton Barbeau

La indisolubilidad del matrimonio y la unión íntima que existe en un matrimonio sacramental no significa, por supuesto, que el matrimonio ha de disolver las identidades personales del esposo y la esposa. Su voto matrimonial no es una fórmula mágica que elimina todo lo que los marca como personas únicas. No reemplaza sus personalidades individuales con un “nosotros” neutro que no es la personalidad del esposo ni de la esposa.

En realidad, el “nosotros” debe crearse del amor de cada uno por el otro, pero tanto el hombre como la mujer deben trabajar para crear este “nosotros”. Deben trabajar para hacer nacer esta nueva personalidad, una personalidad que exprese su identidad, una personalidad que sea más grande y más rica que la que cualquiera puede conocer por sí solo.

El hombre y la mujer deben ayudar, a través de su dedicación total al matrimonio y de su amor, a lograr la madurez del otro. Esto es algo que puede lograrse consciente o inconscientemente, aunque demasiada conciencia sobre la transformación que se está desarrollando puede ser tan perjudicial como ignorar totalmente que dicha transformación se va a producir.

Lo que tanto el esposo como la esposa deben saber es que su vida juntos será un emprendimiento creativo prolongado para satisfacer al otro, revelar con ternura en el otro todo el bien que el amante ha visto en él, permitirle nutrirse en una atmósfera de amor y gratitud.

Lo que sucede a menudo es justamente lo contrario. Cada parte llega al matrimonio radiante con la convicción de que la otra persona va a sanar todos sus problemas físicos y mentales y se sorprende bastante al descubrir (no mucho tiempo después) que el otro tiene males propios. Esto lleva a la desilusión, la amargura, el sentimiento de que ha sido "atrapado" injustamente por el deseo sexual o las artimañas de la otra persona, seguidos a menudo de recriminaciones, discusiones o silencio lleno de amargura y, a veces, al hecho de sobrellevar el rencor por el resto de la vida.

El amor es creativo

Qué diferente es el matrimonio que se basa en un amor verdadero por el otro, un deseo constante de protección y alimentación y en mantener sana la felicidad del otro. Dicho matrimonio no puede convertirse en la serpiente viciosa de la desilusión que se come su propia cola amarga de insatisfacción. Dicho matrimonio arraigado en el amor mutuo se convierte en una creación de maravillosa belleza en la que cada parte busca nuevas formas de expresar el amor y la felicidad que conoce.

Cada clase de simbolismo entra en juego aquí y el mundo se enriquece con sorpresas inesperadas. La imagen del matrimonio se vuelve gloriosa cuando las experiencias compartidas se suceden y cada uno intenta superar al otro en la búsqueda de nuevas formas de expresar amor. La primera verbalización, la magia y el lirismo romántico de las cartas de amor y las prolongadas conversaciones telefónicas nocturnas: todo esto queda atrás. Incluso la repetición constante de palabras de amor hace que el esposo y la esposa admitan el uno al otro que las palabras no expresan lo que desean que expresen.

De este modo, los símbolos verbales dan lugar a miles de variaciones de símbolos concretos: un regalo sorpresa, una nota en el refrigerador, una noche planeada completamente para el otro; siempre diseñados para abrir en el otro el armario secreto de la felicidad. Al crear su obra maestra, verdaderamente “el trabajo de su vida”, el esposo y la esposa se preocupan por las necesidades del otro. Cada uno procura comprender a la otra persona, satisfacer y responder al llamado del otro en cada momento.

Para el hombre, esto exige un conocimiento no sólo de lo que se casó con él (una mujer), sino de quién se casó con él: esta mujer personal y única. Así, el esposo debe dejar de lado sus primeras suposiciones y consideraciones superficiales sobre las “mujeres” y procurar verdaderamente comprender y amar a esta mujer en particular.

El matrimonio, entonces, es un trabajo creativo. Ambas partes deben trabajar para construir un matrimonio hermoso. Las ruinas de los matrimonios desdichados que vemos a nuestro alrededor en la actualidad se deben principalmente a esto: a que una o la otra o ambas partes no sabían (o no tenían la madurez o la libertad psicológica de actuar según este conocimiento) que hacer funcionar a un matrimonio implica trabajar para construir un matrimonio.