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La Comunión de los Santos
Por Brian Caulfield

Tiene un amigo en el cielo… y en el purgatorio… además de los que tiene en la tierra.

En pocas palabras, a esto nos referimos cada domingo cuando, a través del Credo de Nicea, profesamos nuestra creencia en la “Comunión de los Santos”.  

En el cielo existen santos a quienes podemos pedir ayuda y consuelo en cada una de nuestras necesidades. En el purgatorio se encuentran almas benditas por quienes podemos rezar para que sean purificadas y llevadas al cielo. Y en la tierra tenemos amigos y familiares con quienes compartimos este peregrinaje temporal; podemos rezar por ellos y ellos pueden rezar por nosotros, poniendo nuestro corazón en el cielo, donde esperamos disfrutar de la eternidad en presencia de Dios todo poderoso.   

Desafortunadamente, hoy en día no escuchamos mucho sobre esta relación espiritual, incluso en las Iglesias Católicas. ¿Cuándo fue la última vez que oyó una homilía sobre “la comunión de la Iglesia del Cielo y de la Tierra”, como la llama el Catecismo de la Iglesia Católica (#954)?

¿Alguna vez ha escuchado sobre los tres estados de la Iglesia? La Iglesia Triunfante en el cielo, la Iglesia Purgante en el purgatorio y la Iglesia Militante en la tierra. Cada uno de estos estados o aspectos de la única y verdadera Iglesia Católica trabajan en conjunto, en el Cuerpo de Cristo, para salvar las almas. 

Tres Palabras Importantes

¡Triunfante!, ¡Purgante!, ¡Militante! Estas palabras pueden sonar un poco extremas para nuestros delicados oídos espirituales. Si ganamos, se supone que no debimos sentirnos triunfantes, después de todo, huele a triunfalismo, un pecado mortal en nuestra cultura actual. ¿Purgante?, la vida es para disfrutar y gozar, no para sufrir. No se supone que debamos luchar o ser guerreros incluso en nuestra devoción a Dios, por lo tanto el término “militante” tiene que desaparecer.   

Actualmente la imagen principal de la Iglesia en la tierra es la de un peregrino. No es una imagen mala, pero puede llevar a la tibieza si no se refuerza con una militante. Los cristianos no deben limitarse a caminar como peregrinos, deben marchar como un ejército. Deben tomar sus armas espirituales y vencer al enemigo: la carne, el mundo y el demonio, el pecado en todas sus formas.  

Estoy convencido de que la pérdida de estas tres palabras de nuestro vocabulario religioso, ¡Triunfante!, ¡Purgante!, ¡Militante!, ha sido una razón clave del desinterés de los hombres por la religión, de la disminución de las vocaciones sacerdotales e incluso del descuido que han mostrado los padres por sus familias.

Si el hombre viera la religión como una batalla contra el mal y su asistencia a Misa como un frente mayor en la lucha, podría sentirse atraído por la Iglesia y la religión.  Se esforzaría por encontrar su lugar en la fe.

La Comunión con los Demás

La Comunión de los Santos no es simplemente un concepto supernatural. Nos plantea serias obligaciones hacia nuestros hermanos y hermanas en Cristo y hacia nuestro prójimo en la tierra. 

Si en verdad estamos en comunión, debemos apoyar la Iglesia de Cristo y apoyar a quienes están en ella. Esto significa que debemos dar como si nada de lo que tenemos verdaderamente nos perteneciera, como si todo lo bueno de nuestras vidas proviniera de las manos de Dios, y así es.

Los primeros discípulos compartieron todo: “Vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre todos según las necesidades de cada uno” (Hechos 2, 44-45). La diferencia entre la forma en que vivía la Iglesia primitiva y lo que actualmente llamamos socialismo es que los discípulos daban voluntariamente, en agradecimiento a Dios y a su pueblo, no por orden del estado. 

Aunque vivimos bajo la democracia y el capitalismo, la obligación de entrega personal (darse por completo) en la caridad, sigue vigente actualmente para todos los discípulos de Cristo. Seremos juzgados, en gran medida, por cómo seguimos el ejemplo de la Iglesia primitiva. Jesús dijo que cualquier cosa que hagamos por el más pequeño de sus hermanos, lo hacemos por él. ¿Cuánto estaríamos dispuestos a darle a Jesús si viéramos que lo necesitaba? Ese mismo esfuerzo y dinero es el que debemos darle a nuestro prójimo en apuros.

Sí, los padres deben velar primero por sus familias. Pero, ¿acaso necesitan grandes pantallas de TV. y todos los aparatos electrónicos? Si ese dinero lo damos a quienes les falta lo necesario para vivir, ¿cuántas gracias no podríamos recibir? Vale la pena intentarlo. 

La Pelea sin Fuerza

Aunque la Comunión de los Santos es una enseñanza edificante y consoladora, muchos grupos protestantes no la aceptan porque la creencia sobre el purgatorio fue rechazada por los líderes de la Reforma en el Siglo XVI. La mayoría de los protestantes también desaprueban la oración hacia los santos en el cielo como algo supersticioso e innecesario, ya que Jesús es al único a quien se debe rezar.  

Qué pena. No es de sorprenderse que en los 500 años que han pasado desde la Reforma, los Protestantes se hayan fraccionado en miles de iglesias y grupos divididos por las sutilezas más pequeñas en las Escrituras, aunque están unidos solo en su rechazo a la Iglesia Católica. 

Orar sin tener en mente la Comunión de los Santos es como ir a la guerra sin fusil. Claro que con Jesús basta, pero también ayuda tener a quienes están cerca de él, como es el caso de los santos, para que intercedan por nosotros y nos cuiden. 

Brian Caulfield es editor de Padres para Siempre.