El tema de este mes

Padres amorosos, hijos amados

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por el Padre Phillip Chavez

A partir de mi trabajo a tiempo completo en el ministerio de los hombres, sé muy bien cómo ellos luchan con su identidad. Esta “crisis de identidad” la mayoría de las veces proviene de su lucha por verse a sí mismos como hijos aceptables y amados por sus propios padres.

Como resultado, a menudo los hombres no logran cumplir con la tarea vital de transmitirles a sus propios hijos la sensación de ser amados. Esta falta de identidad como hijos también sofoca la capacidad de los padres de criar a sus pequeños con confianza y seguridad.

Para romper este ciclo negativo entre padre e hijo, es fundamental que se restaure en los hombres cristianos una fuerte identidad de hijos, de forma que puedan ser los padres seguros y amorosos que Dios quiere que sean.

Empecemos por el principio.

La identidad de un hombre se encuentra plenamente en la figura de Jesús Cristo. Él es aquél a quien se debe emular porque las cualidades de la humanidad se encuentran en él de la forma más perfecta, incluyendo las cualidades de la paternidad.

En principio, esto puede sonar extraño debido a que Jesús nunca se refirió a sí mismo como un “padre.” Por el contrario, él siempre se presentó como un “hijo” que estaba en estrecha relación con su Padre celestial. Y fue en esta identidad de hijo que llevó a cabo su misión.

A pesar de ello, Jesús mostró todas las características de un buen padre. Fue un líder, un hombre de fuerza y compasión que trataba a los otros como si fueran miembros de su familia. Les enseñó, los alimentó, los amó y murió por ellos, dándoles una nueva vida.

Está claro, a partir de los Evangelios, que Jesús hizo todo esto porque llevaba dentro de sí la imagen del Padre. Al ser amado por el Padre, Jesús fue capaz de amar como un padre. Después de todo, un hombre no puede dar lo que no posee. Si un padre puede encontrar en sí mismo la identidad de un hijo amado, será capaz de transmitirle esta identidad a su propio hijo.

A continuación destacaré algunos puntos clave para mostrar de qué forma el Hijo divino se relaciona con su Padre celestial.

Jesús Cristo nos muestra “el camino”:

• al mantenerse en constante comunicación con el Padre y permitirle al Padre comunicarse con él;

• al cumplir con la voluntad del Padre, siguiendo los mandamientos y la misión que se le confirió;

• al glorificar al Padre en sus hechos y palabras, permitiendo que la gloria del Padre brillara dentro de él.

Veamos cada punto en particular.

Comunicación con el Padre

Jesús transitó por esta tierra siempre en comunión con su Padre celestial disfrutando no sólo la conciencia de su presencia, sino también la plenitud de la visión. Como humanos limitados, no podemos esperar disfrutar esta plenitud de la visión en la tierra; sin embargo, debemos esforzarnos por mantener una comunicación abierta con el Padre.

Para nosotros, el secreto de esta comunión es abrirnos para dialogar con el Padre en nuestra calidad de hijos. Es el Padre quien empieza la conversación, todo lo que tenemos que hacer es calmar nuestro corazón y escuchar.

Del mismo modo, un padre terrenal debe iniciar la comunicación con su hijo pidiendo simplemente que el hijo abra su corazón y su mente. Un padre amoroso sale para encontrar a su hijo, aun cuando el hijo se haya descarriado.

Cumplir la voluntad del Padre

La vida de Cristo se orientó al cumplimiento de la voluntad de su Padre. El objetivo de la comunión con el Padre no se limita a conocerlo, sino también a hacer lo que él dispone. De esta forma, es posible encontrarse la paz y la satisfacción que él promete.

Jesús dijo: “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros;  permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea colmado” (Juan 15:9-11)

Claro que, a menudo, lo que el Padre celestial nos pide resulta difícil de cumplir; pero la fe nos dice que el Padre está con nosotros, para guiarnos y fortalecernos en su misión.

Esta fue la prueba para Jesús en su camino hacia el Calvario. La prueba para el hombre cristiano es enfrentar las penurias más pesadas, incluso hasta la muerte, obedeciendo al Padre.

Lo que les resulta dificil de aceptar a todos los hombres es confiar en que Dios Padre los ayudará, incluso en las peores pruebas. El camino de Cristo hacia la cruz nos brinda el modelo a seguir y el Padre nos proporciona la fortaleza.

Trabajar por la Gloria del Padre

Finalmente, cuando caminamos con Dios no debemos hacerlo en nuestro propio beneficio, sino por la gloria del Padre celestial.

Espiritualmente, todos los hombres desean vivir en el favor y la gracia de su padre; por lo tanto, resuenan estas palabras de Jesús: “Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste para que hiciera” (Juan 17:4). Todos los hombres se dan cuenta de que existe algo que va más allá de sí mismos y que deben cumplir. Cualquiera sea la misión, es el Padre quien la ha conferido, y es a Él a quien se exalta cuando se concluye.

La aprobación del Padre

Nuestra felicidad se encuentra en estrecha asociación con el Padre. Esta intimidad nos da paz, misión e identidad:  la fuerza de nuestras vidas como hombres y como padres.

Todos los hombres sienten profundamente en su interior la necesidad de aprobación por parte del padre con relación a sus vidas, de forma que puedan avanzar hacia la madurez y existir con vitalidad. En nuestra jornada humana, necesitamos oír las palabras que Cristo recibió, palabras que todo hombre anhela escuchar: “Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección” (Marcos 1:11).

El Padre Phillip Chavez, sacerdote de la Sociedad de Nuestra Señora de la Santísima Trinidad, es el fundador y director de un ministerio comunitario de los hombres, ayudándolos a entender su jornada y su identidad masculina.