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La Teologia del Cuerpo

Por el Papa Juan Pablo II

Cuando Dios Yahvé dice que "no es bueno que el hombre esté solo" (Gén 2, 18), afirma que el hombre por sí "solo" no realiza totalmente esta esencia. Solamente la realiza existiendo "con alguno", y aún más profundamente y más completamente: existiendo "para alguno".

Comunión de las personas significa existir en un recíproco "para", en una relación de don recíproco. Y esta relación es precisamente la realización de la soledad originaria del "hombre".

El cuerpo expresa la persona

Hay un fuerte vínculo entre el misterio de la creación, como don que nace del amor, y ese "principio" beatificante de la existencia del hombre como varón y mujer, en toda la realidad de su cuerpo y de su sexo, que es simple y pura verdad de comunión entre las personas.

Cuando el primer hombre, al ver a la primera mujer exclama: "Es carne de mi carne y hueso de mis huesos" (Gén 2, 23), afirma sencillamente la identidad humana de ambos. Exclamando así, parece decir: "¡He aquí un cuerpo que expresa la "persona"!

La masculinidad feminidad —esto es, el sexo— es el signo originario de una donación creadora y de una toma de conciencia por parte del hombre, varón-mujer, de un don vivido, por así decirlo, de modo originario. Este es el significado con el que el sexo entra en la teología del cuerpo.

Llamado “esponsalicio”

Ese "comienzo" beatificante del ser y del existir del hombre, como varón y mujer, está unido con la revelación y con el descubrimiento del significado del cuerpo, que conviene llamar "esponsalicio"

Hemos observado ya que a las palabras que expresan la primera alegría de la aparición del hombre en la existencia como "varón y mujer" (Gén 2, 23), sigue el versículo que establece su unidad conyugal (cf. Gén 2, 24), y luego el que testifica la desnudez de ambos, sin que tengan vergüenza recíproca (cf. Gén 2, 25). Precisamente esta confrontación significativa nos permite hablar de la revelación y a la vez del descubrimiento del significado "esponsalicio" del cuerpo en el misterio mismo de la creación.

Este significado (en cuanto revelado e incluso consciente "vivido" por el hombre) confirma hasta el fondo que el donar creador, que brota del Amor, alcanzó la conciencia originaria del hombre, convirtiéndose en experiencia de don recíproco, como se percibe ya en el texto arcaico. De esto parece dar testimonio también —acaso hasta de modo específico— esa desnudez de ambos progenitores, libre de vergüenza.

Extractos de una serie de charlas por el Papa Juan Pablo II reunidas bajo el nombre de La Teología del Cuerpo; ésta fue pronunciada el 14 de enero de 1980.