El Tema de Este Mes


Chocolate del Corazón

Por Brian Caulfield

Llamando a todos los esposos: No tarda en llegar el día de San Valentín. ¿Qué piensa regalarle a su esposa?

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Somos muchos los que entramos en pánico ante esa idea ¿Chocolates, flores, aretes, pulseras, pendientes en forma de corazón, cualquier cosa en forma de corazón?

¿Qué hay realmente en el corazón de una mujer?

Quizás ya haya superado el error del novato que espera encontrar hermosas rosas de largo tallo en la florería de camino a casa el 14 de febrero (ésa fue mi primera sorpresa de San Valentín: todos los ramos ya estaban envueltos y listos para que los recogiera otro marido).

Pero diez años después, el Día de San Valentín aún me produce cierto pánico, y mi primera respuesta es adoptar un aire de superioridad.

¿Para qué necesitan las mujeres esos signos externos de afecto, después de todo? Ella ya sabe que la amo, aunque no le compre nada. ¿Por qué tuvo que ser ejecutado ese antiguo mártir cristiano San Valentín el 14 de febrero (día en que según las leyendas antiguas los pájaros comienzan a aparearse) y tomar el lugar de Cupido en nuestra imaginación popular?

Y luego se me viene a la mente: el amor se esfuerza

Aunque no consiga el mejor regalo, aun si las flores no son de su color preferido o los aretes no son de los que usa, me pondré el corazón en la mano y se lo ofreceré a mi esposa con mi regalo. Me esforzaré, me arriesgaré, seré el hombre con quien ella se casó.

Le obsequiaré chocolate del corazón. Cualquiera que sea el regalo, se lo daré de corazón.

Cor ad cor loquitur es la frase tradicional católica. “El corazón al corazón habla”. El modelo es Cristo y su discípulo, en un diálogo íntimo basado en amor, confianza y honestidad. ¿Acaso no debe un esposo ser un modelo de Cristo para su esposa?

Con esta perspectiva, el Día de San Valentín significa volver a vivir el momento en que le pedí a mi esposa que se casara conmigo. Al momento de ofrecer el regalo de mi corazón el 14 de febrero, me encuentro desprotegido, vulnerable, ofrezco mi amor para su consideración, sin la seguridad de que sea aceptado con la intensidad que yo quiero.

Diez años después, el regalo se ha hecho un poco rutinario, y están los dos niños a quienes cuidar y enseñar.

Pero aún existe el misterio de uno mismo y el otro, ese esfuerzo por cruzar el espacio y alcanzar el corazón del ser amado. Cada vez que entrego el regalo, tenemos otro año de vida y amor más, y sombras de dolor y desilusión. Lo que digo con mi regalo es: incluso después de tantos años de matrimonio, y con todo lo que sabes sobre mí, ¿aún estás dispuesta a recibir este regalo, que soy yo mismo, en tu corazón?

Es una revelación, una chispa de vida nueva, una vez más el relato de una larga historia de amor, cuando mi esposa me dice con una sonrisa, un susurro o un beso, que la respuesta es “sí”.

Así que, esposo, puede entrar en pánico y sudar en este Día de San Valentín pensando en qué le va a regalar. Piense que es bueno que aún le preocupe saber si ella lo aceptará, y que a ella le importe lo suficiente para aceptarlo.

He aquí algunas ideas que contribuirán a que el Día de San Valentín siga siendo “santo”:

1. Ore sobre qué regalar. En su oración, imagínese frente a su esposa con las manos abiertas y pida a Dios que las llene con el regalo que Él le daría en su lugar. (No es ningún absurdo, ya que Jesús tomó nuestra carne y vivió entre nosotros como hombre)

2. Ore con su esposa. No necesita añadir la intención “Para que yo elija el mejor regalo para mi esposa”, pero al rezar juntos llegarán a conocer el corazón del otro. Dios será la voz que los una. La oración en común, así como la oración familiar con los hijos, son actividades vitales todo el año, claro.

3. Compre una tarjeta. Siempre acompañe el regalo con una tarjeta. Que sea una de Hallmark, si no tiene mucha habilidad artística, pero no olvide la tarjeta, y escriba de su propia mano algo que sea dulce, pero no demasiado meloso. Deben ser sus propias palabras. Firme “Tu esposo que te ama…”, u otra expresión de su amor y su relación. Abra un poco su corazón. No se preocupe, no deja de ser hombre porque brote un lágrima de sus ojos. De hecho, es aun más hombre cuando acepta el riesgo de emocionarse por la felicidad de su esposa.

4. Cuando entregue el regalo, recuerde el momento en que le pidió que fuera su esposa, y recupere la misma actitud de esperanza, temor y expectativa. No dé por sentado su amor y aceptación. Aproveche esta oportunidad para renovar todas las razones por las que le pidió que se casara con usted, y por las que ella aceptó.

En esta sección del Día de San Valentín, mostramos un artículo sobre las formas en que diferentes hombres pidieron matrimonio a su esposa. Algunas historias son humorísticas, otras inspiradoras y otras más instructivas, pero ninguna es ordinaria. El amor no es nunca ordinario, porque es lo que nos obliga a conocernos más profundamente a nosotros y al otro, y el amor es lo que nos acerca a Dios.

Disfrute el Día de San Valentín. Recuerde el primer paso: Ore.

Brian Caulfield es editor de Padres para Siempre.