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La Propuesta de Matrimonio
Ahora que se acerca el Día de San Valentín, los hombres colocan una rodilla en tierra para contar las historias divertidas e inspiradoras de su compromiso.

Por Gerald Korson

Una petición de mano es uno de los momentos más tensos que puede vivir un hombre. ¿Debe pedirle matrimonio antes o después de abrir el champagne? ¿O quizá sin champagne? ¿Es mejor preparar una petición elocuente a riesgo de sonar cursi, o simplemente pedírselo?

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Siguiendo el espíritu del Día de San Valentín, día sagrado para los enamorados, Padres para Siempre  pidió a varios hombres – desde unos que acaban de comprometerse hasta otros que llevan más de 40 años de casados—que compartan sus originales historias de compromiso. Ésta es una selección de esas historias que marcaron sus vidas.

Una caja demasiado grande.

Tim y Cynthia Heller vieron luces de todos colores cuando se conocieron: fue en un concierto del 4 de Julio en Omaha, Neb. Pero le tomó a Tim más de tres años bajar a la tierra y proponerle matrimonio la Nochebuena de 1995.

 

Familia Heller

 “Yo había comprado el anillo en octubre”, recordó. “Cuando le pregunté qué quería para Navidad, ella dijo ‘¡Ya sabes lo que quiero!’ Le dije que no era probable, pero que quizá para su cumpleaños al año siguiente.”

Tim tenía una idea. Consiguió una gran caja de televisión vacía en una tienda de aparatos electrónicos y le pegó unos ladrillos dentro para que pesara como una verdadera televisión. Llenó el resto de la caja con material esponjoso para empacar y cubrió el paquete con un trozo de terciopelo. Colocó la caja del anillo sobre el terciopelo, junto con una cita enmarcada de la Primera Carta a los Corintios de San Pablo, sobre la naturaleza perenne del amor.

 “Envolví todo el paquete y lo coloqué en mi auto,” recordó Tim. “En Nochebuena, yo estaba en su casa, y ella me dio un regalo antes de que nos fuéramos a casa de mi familia. Le pregunté si quería su regalo en ese momento o si prefería esperar hasta que llegáramos a casa de mis padres, sabiendo que era como colocar una caja de chocolates abierta sobre la mesa. Por supuesto que ella dijo ‘¡Si!’ Así que traje la gran caja y la coloqué sobre el diván. Anonadada, abrió la caja y vio la cita enmarcada. Ni siquiera había visto aún la pequeña caja con el anillo que estaba debajo.

 “Me agaché, recogí la caja y puse una rodilla en el suelo. Apenas logré decir ‘¿Quisieras…? cuando me derribó y me besó. Pregunté ‘¿significa que sí?’ Respondió ‘¡Claro, claro que sí!”

Volando con una plegaria

Ryan y Keron Patterson también vieron luces de colores durante una noche muy clara en la que él, que era piloto aviador, le pidió que fuera su copiloto para el resto de su vida.
“Durante la Noche Vieja de 1999, llevé a Karen a volar en avión, explicándole que ese año los fuegos artificiales serían muy especiales, gracias a los espectáculos que se habían planeado sobre el río Ohio,” dijo Ryan.

 

Ryan y Keron Patterson

 “Al momento de dar la media noche, se cumplió mi previsión cuando pareció iluminarse al unísono todo el horizonte hasta donde alcanzaba la vista para celebrar el amanecer de un nuevo siglo. Nunca habíamos visto nada semejante en nuestra vida; era realmente asombroso.”

Ryan aprovechó esa oportunidad para pedirle la mano a su amada. “Karen estaba algo sorprendida esa noche, lo que puede explicar que hayamos volado en círculos durante una hora más mientras encontraba una respuesta”, dijo. “Creo que sólo ponía a prueba mi amenaza de no aterrizar.”

Un vínculo sagrado

Proponer matrimonio puede ser un gesto sencillo o una estratagema elaborada. Escogió la segunda opción Nicholas Ferreira, quien llevó a su futura novia a una especie de peregrinación religiosa por Canadá unos días después de la Navidad pasada.

Tras un día de contemplar el bello paisaje a orillas del río San Lorenzo en Ontario, Nicholas y su amiga, Barbara-Ann Ramsbotham, fueron a visitar a unos amigos y a alojarse en la casa de huéspedes del Seminario de Cornwall, donde un día fue candidato a sacerdote.

 

Nicholas Ferreira y Barbara-Ann Ramsbotham

Pero no había lugar en la casa de huéspedes, ni tampoco en el hotel de la localidad, así que la pareja se dirigió a la casa de uno de los amigos de Nicholas, en Montreal. Cuando se enteraron por celular que también estaba llena la casa de su amigo, Barbara-Ann sugirió que recorrieran unas 50 millas hacia el norte hasta Trois-Rivières, donde se encuentra el Santuario de Nuestra Señora del Cabo, un lugar que había visitado en numerosas ocasiones, y que se quedaran en un hotel en especial del que conservaba imborrables recuerdos.

Tras dormir esa noche cada uno en su cuarto, la pareja asistió a la Misa matutina en la capilla del santuario, después de lo cual Nicholas pidió matrimonio elocuentemente a Barbara-Ann frente al altar, y le puso un anillo de diamante en el dedo con su consentimiento. Filmados por una cámara de video oculta, leyeron una oración de compromiso y recibieron la bendición del sacerdote del santuario, que había sido prevenido en francés unos minutos antes por Nicholas. La mañana culminó cuando regresaron al hotel a desayunar con una mesa adornada de rosas, con champagne, copas y un corazón hecho de pétalos de rosa.

Resultó que Nicholas había planeado cada etapa de ese viaje.

“Ni siquiera puedo imaginar el tiempo que pasó Nicholas planeando ese fin de semana tan especial,” dice Barbara-Ann al contar su historia en su página de Facebook. “Pensó en cada detalle y en las expresiones más románticas. Investigó y organizó, manejó muchísimas horas gastando grandes cantidades de gasolina para llevarme a mi santuario favorito para su petición. Siempre le había yo dicho que me encantaría casarme en esa pequeña capilla, y como era imposible por la distancia, se las arregló para que yo tuviera ese recuerdo tan especial en su lugar.”

Petición de mano en la Carretera
En cambio, la simple espontaneidad le funcionó a Ron Baade, quien tenía 23 años y era miembro de la Policía Estatal de Pennsylvania, cuando decidió pedirle matrimonio a Pam en el verano de 1982, mientras viajaban por la carretera I-83 de York County.

 

Ron y Pam Baade

 “En el cruce que antes se conocía como Salida 4, paré el auto a la orilla de la carretera,” explicó Ron. “Me incliné, la besé y le pedí que se casara conmigo. Sin anillo, sin rodilla en el suelo, junto al tráfico que pasaba a toda velocidad sin ocuparse de nosotros. No era muy romántico, pero aceptó.”

Los Baade, que viven ahora en Mifflin, Pa., han sido bendecidos con tres hijos y celebrarán sus bodas de plata el 28 de julio de este año.

Un Secreto Compartido

En 1990, Peter Lupkowski ya llevaba seis años saliendo con Debbie, cuando finalmente se decidió a dar el paso siguiente. Compró un anillo, y luego pasó varios días tratando de decidir cómo hacer su propuesta. Cuando tanto sus padres como la madre de Debbie expresaron su interés por asistir a una obra musical en un hospital cercano, Peter decidió que había llegado el momento. Compró los boletos e invitó a todos.

Durante el programa, mientras uno de sus amigos cantaba “Clima de Tormenta”, Peter entregó el anillo a Debbie y le pidió que se casara con él. “Se echó a llorar, se lo puso y se lo mostró a su madre,” dijo. “Sólo entonces se le ocurrió decir que sí. Luego llamé la atención de mis padres y también les mostré el anillo.”

 

Deb y Peter Luptowski

Puede que Peter no haya sido tan astuto como lo pensaba en ese momento. Cuando la entrevistamos para publicar su historia, Debbie nos dijo que sabía que le propondría matrimonio.

 “Durante más de 18 años, he guardado este secreto de mi marido,” reveló. “En realidad ya sabía del anillo antes de que me propusiera matrimonio. Lo había dejado sobre su estéreo dentro de un pequeño sobre. Lo vi por casualidad una semana antes de que me pidiera matrimonio. Lo que no sabía era cuándo lo haría. Finalmente se lo dije anoche. Se quedó atónito de que hubiera podido guardar un secreto durante tanto tiempo.”

Con o sin secreto, Peter dijo en broma que aunque le había propuesto matrimonio durante “Clima de Tormenta”, durante los últimos 17 años habían navegado con el viento en popa.”

Gerald Korson es un periodista de gran experiencia que vive en Fort Wayne, Indiana, con su esposa y sus numerosos hijos.