El Tema de Este Mes


El bien común

Por Brian Caulfield

El problema con el “bien común” es que el bien no es tan común.

Mientras todos deseamos cosas buenas para nosotros mismos y nuestras familias, no todos se valen de buenos medios para obtenerlas. Una rápida mirada a los encabezados acerca de los escándalos políticos y financieros ya es una indicación suficiente, pero también podemos observar a los chicos en los parques o a los conductores en el estacionamiento de la iglesia para concluir que no todos se valen de buenos medios para lograr buenos objetivos.

Incluso si evitamos métodos ilícitos para lograr nuestros objetivos, ¿cómo trabajar por el “bien común”? ¿Se requiere algo extra para este noble objetivo?

La respuesta es que para contribuir al bien común, no solo debemos evitar el mal, sino que debemos buscar hacer el bien. Debemos convertirnos en protagonistas de cierto nivel en el dominio público.

El punto de vista de la Iglesia

Como institución que ha existido durante aproximadamente 2,000 años, que ha visto emerger y caer imperios, reinos y gobiernos, la Iglesia Católica posee una profunda y única perspectiva del bien común. De hecho la Iglesia, tiene como misión de Dios promover el bien común a través de los valores del Evangelio.

Me referiré al Catecismo de la Iglesia Católica para desarrollar algunos puntos básicos.

Los seres humanos, por naturaleza, están hechos para la comunidad: el hombre es un ser social. Es importante dejar bien claro este punto porque, nacidas de la Ilustración, existen fuertes tendencias de pensamiento que ven a cada persona como una unidad autónoma que “abandona” cierta autonomía a cambio de la protección y el poder del grupo.

Sin embargo, la tradición católica es clara, el ser humano fue creado por Dios para vivir en comunidad, no como concesión ante la necesidad, sino como medio para cumplir con su vocación y perfeccionar su ser.

El Catecismo plantea (#1879): “La persona humana necesita a la sociedad para vivir. La sociedad no es para ella una adición extraña, sino un requisito de su naturaleza. A través del intercambio con otros, el servicio mutuo y el diálogo con sus hermanos, el hombre desarrolla su potencial y responde a su vocación”.

Los norteamericanos provienen de la tradición del explorador y el pionero “solo e inquebrantable”, por lo que debemos luchar un poco para reconciliar el punto de vista de la Iglesia sobre el hombre y el punto de vista que nuestra cultura ha transmitido.

Ahora bien, un grupo de personas humanas que intercambian bienes, que se ayudan unas a otras y dialogan entre ellas, puede ser la descripción de la familia, la granja o el vecindario.

Sin embargo, cuando las necesidades y las posibilidades de la familia, la granja o el vecindario los sobrepasan para encontrarse con otros en una comunidad más grande, se requiere de una autoridad para garantizar que todo opere sin complicaciones y con justicia. Estamos entrando en el dominio de lo que hoy reconocemos como sociedad y gobierno, y la necesidad de lo que fue la noble vocación por la política.

Terminaré con algunas citas del Catecismo:

“Una sociedad es un conjunto de personas ligadas de manera orgánica por un principio de unidad que supera a cada una de ellas. Asamblea a la vez visible y espiritual, una sociedad perdura en el tiempo: recoge el pasado y prepara el porvenir…”(#1880)

“Cada comunidad se define por su fin y obedece en consecuencia a reglas específicas, pero el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana”. (#1881)

“El bien común está siempre orientado hacia el progreso de las personas: ‘El orden social y su progreso deben subordinarse al bien de las personas... y no al contrario’ (GS 26, 3). Este orden tiene por base la verdad, se edifica en la justicia, es vivificado por el amor”. (#1912)

La humanidad fue creada para la comunidad con el fin de lograr su vocación y el objetivo de la comunidad es el verdadero bien de la persona. Muchos de los grandes debates que datan de los antiguos griegos han girado en torno a estos conceptos de comunidad e individualidad.

Debemos actuar en el dominio público para dar lugar a estructuras justas de gobierno y leyes para el beneficio de todas las personas.

Haciéndolo, no debemos descuidar la generosidad, la caridad, el amor, que son una invitación de Dios para servir a los más necesitados de su pueblo.

Brian Caulfield es editor de Padres para Siempre.