El tema de este mes


El amor más allá de la amistad

Por el Dr. Richard Fitzgibbons

El amor se desarrolla por la atracción, el deseo y la buena voluntad dentro de la persona y alcanza su plena realización en la relación interpersonal. La verdadera unificación de las personas se da cuando la persona se centra en el “nosotros”, en lugar del “yo”.

El amor verdadero es, por lo tanto, una sincronización de atracción, deseo y buena voluntad.

El amor comprometido, que es el don de sí mismo y la entrega del “yo”, está dirigido a la otra persona en un grado mucho mayor que las otras formas de amor. El amor comprometido va incluso más allá de la amistad. No sólo busca el bien del otro, sino que se entrega totalmente al otro.

A través de este don de sí mismo, se enriquecen tanto el sujeto como la relación interpersonal. Con el amor comprometido, la relación se vuelve más que amistad.

La forma de amor más absoluta consiste precisamente en el don de sí mismo, en la entrega del “yo” inalienable e intransferible al servicio del ser amado.

En lo que se refiere al amor, una persona puede entregarse a Dios o a otra persona. Las personas humanas tienen su propia dinámica y sus propias leyes de existencia y crecimiento. Jesús dijo “El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.” (Mat. 10,39)

Si privamos al amor de la plenitud de la entrega, del compromiso personal total, lo que queda es su total rechazo o negación.

Esta entrega de sí mismo presupone un sistema de valores maduro y una voluntad formada. El amor comprometido no es nunca algo que “sólo sucede” o un evento fortuito en la vida interior de una persona. Por el amor comprometido, el “yo” humano decide darse a sí mismo.

El amor comprometido concierne siempre a una sola persona (como la entrega a Dios). Por lo tanto, es adecuado para el matrimonio, donde existe una clara entrega a quien elegimos como cónyuge.

En el matrimonio, la mujer siente que su papel es entregarse, mientras que la experiencia del hombre es muy diferente. El análisis del matrimonio muestra que el hombre debe darse a sí mismo a cambio del don de sí que hace su esposa.

Si el hombre se resiste a la entrega total, entonces corre el peligro de utilizar a su mujer como objeto. Aunque tienen diferentes maneras de darse a sí mismos, tanto la mujer como el hombre deben realizar una entrega mutua.

Por desgracia, a menudo este “don de sí” se interpreta como algo meramente sexual. La verdad es que el don de sí no puede limitarse a la actividad sexual, ya que sin ese don total, la actividad sexual no es más que utilitaria. Uno se puede sentir utilizado. Aquí la norma personalista concuerda claramente con el código moral, que identifica el matrimonio con la entrega plena del amor comprometido.

La monogamia es necesaria porque el don de sí a la persona elegida excluye la entrega a otra persona. El acto marital, que centra el amor en el cónyuge, ayuda a desarrollar el amor comprometido. Sólo cuando se limita al cónyuge puede el amor marital estar verdaderamente listo para el hijo que se concibe durante el acto sexual. Esta relación entre el sexo y la persona se manifiesta en la percepción especial del “yo”, por la cual toda entrega sexual siempre exige la entrega de la persona completa.

El amor comprometido tiene la necesidad absoluta de las otras formas del amor, en especial la buena voluntad y la amistad. Sin estos “aliados”, las personas que se sacrifican podrían sentir una vacío en su interior. Entonces no tendrían defensa ante los problemas internos y externos.

El Dr. Richard Fitzgibbons es un psiquiatra católico que ejerce como médico privado en las afueras de Filadelfia. Visite su sitio (www.maritalhealing.com) donde encontrará más consejos sobre cómo construir un matrimonio más feliz.