Padres Sobresalientes Previos

El valiente padre que no quiso luchar
El beato Franz fue un mártir del terror nazi
Por Michael McCarthy

Franz Jagerstatter, austriaco católico que fue ejecutado en 1943 por el Tercer Reich alemán porque se negó a luchar por Hitler, fue beatificado el 26 de octubre de 2007.  Era un esposo y padre amoroso, granjero, sacristán de la iglesia local y Franciscano de la Tercera Orden. Sabía que las guerras de Hitler eran injustas y que la fe en la “patria” alemana estaba ocupando el lugar de la fe en Dios. No podía comprender por qué más cristianos alemanes no veían este peligro.

Franz Jagerstatter

Franz Jagerstatter

Jagerstatter nació en el pequeño pueblo de granjeros de St. Radegund cerca de Linz, Austria, el 20 de mayo de 1907. Debido a la extrema pobreza de sus padres (eran sirvientes demasiado pobres para permitirse una ceremonia de matrimonio), pasó sus primeros años con su abuela, que tenía 13 hijos. Estaba tan hambriento de aprendizaje como de alimento, dos cosas que estaban limitadas para un niño de su medio. Su padre natural murió en la Primera Guerra Mundial. Cuando su madre se casó en 1917, tuvo mayores oportunidades para aprender gracias a la biblioteca de la granja de su padrastro, quien era amante de los libros y más tarde recomendó a su hijastro: “La gente que no lee nunca podrá pensar por sí misma y se convertirá fácilmente en juguete de las opiniones de otros”.
 
En su juventud se le recuerda como popular y amante de la diversión. Iba a bailes y bares, tuvo la primera motocicleta del pueblo y a veces era peleonero. También participaba cada año en la obra de la Pasión de la zona, que rivalizaba con la más famosa en Oberammergau. A pesar de sus defectos, iba a Misa regularmente y asistía a los eventos sociales de la iglesia, donde conoció a Franziska, su futura esposa. Para él, ella era su gran alegría e inspiración. Tuvieron tres hijas a quienes se consagraba por entero y juntos trabajaban la granja familiar.

Los Jagerstatter iban a menudo a la Misa diaria y eran muy respetados en el pueblo.  Sin embargo algunos pensaban que exageraban con sus críticas contra el Tercer Reich. La familia rechazó los pagos de ayuda social del estado, y después Jagerstatter se negó a enlistarse en el ejército cuando se le llamó por segunda vez. Fue encarcelado en marzo de 1943 y después sentenciado a muerte. Podía ver claramente que las guerras de Hitler eran injustas y sabía que él era uno de los que habían recibido la gracia de resistir a su maldad.

Durante los seis meses que pasó preso, Franz oraba constantemente, leía las Escrituras y recitaba el Rosario. El día de su ejecución, un sacerdote de la prisión le ofreció lecturas espirituales. Con una inolvidable alegría en sus ojos, Jagerstatter replicó: “Estoy completamente unido internamente con el Señor y toda lectura solo interrumpiría mi comunicación con Dios”. Después el sacerdote declaró: “Digo con certeza que este sencillo hombre es el único santo que he conocido en mi vida”.
 
El 9 de agosto de 1943 fue decapitado en Berlín. Su consuelo era su confianza en Dios y la promesa de que él y su familia se reunirían en el cielo.

Franziska, su viuda, asistió a la beatificación en 2007 y se entrevistó con el Papa Benedicto XVI en una audiencia general el siguiente año. El Cardenal Christoph Schonborn de Viena alabó a Jagerstatter ante el Santo Padre, con la observación de que llegó a preguntarse cómo se podía ser “un soldado de Cristo” y al mismo tiempo un soldado del ejército de Hitler.

Michael McCarthy es asistente medico retirado en Port Huron, Michigan. Él y Ande, su esposa, son miembros de la Iglesia St. Mary and St. Joseph en Port Huron y son padres de cuatro jóvenes adultos.