Padres Sobresalientes


Papás Militares

Por la Fe, la Familia y la Libertad
por Gerald Korson

Servir en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos puede ser sumamente tenso para los soldados y su familia, especialmente cuando están separados por largos periodos en el frente.

El padre que está en el frente debe tratar de permanecer comprometido con su familia a pesar de la distancia y las dificultades de comunicación, mientras que la madre se queda y debe manejar el hogar y educar a los niños sin la presencia física y el apoyo de su esposo.

Incluso cuando la familia puede permanecer unida en una base local o extranjera, con frecuencia las exigencias del servicio militar incluyen largas horas de trabajo, viajes y a menudo traslados cuando se cambia de destino.

¿Puede un hombre seguir siendo un buen padre para sus hijos bajo circunstancias tan difíciles? ¿Puede ser un buen soldado y un buen hombre de familia al mismo tiempo?

Para Matthew Savoie,  oficial del Ejército de Estados Unidos,  el equilibrio entre la vida militar y la familia le recuerda el diálogo de una película.

“Detesto usarlo, pero el diálogo de Mel Gibson en la película ‘Cuando éramos soldados’ describe cómo me siento como Oficial del Ejército y padre: ‘espero que cada uno de ellos mejore el otro”, dijo Savoie, cuyos 22 años de servicio militar incluyen servicio activo en Tormenta del Desierto y dos periodos en la actual guerra en Irak.

Actualmente Savoie es instructor del ROTC (Cuerpo de Capacitación de Oficiales de la Reserva) de Arkansas Central, y ve claramente los paralelismos entre el servicio militar y criar una familia.

“Como soldado, uno subordina sus intereses personales a las necesidades de la misión y los compañeros. El equipo es más importante que el individuo”, dijo. “Como padre, uno subordina sus necesidades y deseos personales al sostén de la familia, especialmente de los niños”.

Savoie y Christine, su esposa, tienen tres hijos: Courtney de 19 años; Jacob de 2 y Nicholas de 1 y medio.

“Como oficial, siempre se desea dejar una unidad mejor de lo estaba al recibirla”, explicó Savoie. “Como padre, el legado de uno son sus hijos. Si los ama y les da un buen ejemplo en su propia vida, existe la esperanza de dejar un mundo mejor porque se ha fomentado una generación futura que seguirá el ejemplo”.

Recientemente Padres para Siempre entrevistó a varios papás militares – activos, en reserva y retirados – acerca de las circunstancias del servicio militar y cómo esperan que los haya hechos mejores padres para sus hijos.

He aquí algunas de sus respuestas:

Bill Bruno

Asesor en Salud Metal del Ejército de Estados Unidos, 1984-2004
Asesor en Salud Mental, Departamento de Correcciones del Estado de Washington
Casado con Beth durante 24 años. Sus hijos: María de 19 años y Michael de 16

El mayor desafío: “Las separaciones de mi familia inmediata y nuestras familias de origen que exige la vida militar“.

Equilibrio entre la familia y el servicio militar: “Fuimos muy afortunados de que, excepto en Tormenta del Desierto, no haya habido demasiados periodos largos en el frente. Sin embargo, nos ayudaron los estrechos lazos con una red de amigos que visitaron a mi familia o que ofrecieron a mi esposa trabajos de profesora sustituta para ayudarla a salir un poco de casa. Yo llamaba por teléfono cuando podía, pero cuando estaba libre a media tarde, tiempo local, eran cerca de las 3. a.m. en Tacoma. Se nos asignaban de 15 a 20 minutos, ¡pero casi la mitad del tiempo lo pasaba despertando a Beth!

 
Bill Bruno y Michael Bruno

“Hice mucho trabajo en turno de noche. Para hacerlo, me aseguré de estar levantado para cenar con la familia y en mis días libres me ocupaba de las compras de la despensa u otras necesidades de la casa. Sin duda ésa fue realmente la época de mayor tensión en mi carrera. Normalmente dormía todo el día y los domingos trabajaba, así que tuve buen cuidado de dedicar otro día de la semana a honrar a Dios asistiendo a Misa”.

Dios, la patria y la familia: “Significa conocer mis valores personales y revisarlos instintivamente para asegurarme de que estoy haciendo lo correcto. Significa ocuparse de las cosas que son realmente importantes en la vida y confiar en Jesús para que lo demás se arregle por sí solo”.

Lo que aprendí de los militares y que espero transmitir a mis hijos: “El servicio a los otros es importante, pero también lo es cuidar nuestra relación con nosotros mismos y con Dios”.

Douglas W. Turrell

Veterano durante 11 años, Ejército de Estados Unidos, retirado, graduado en West Point
Instructor universitario
Casado con Lisa desde hace 26 años
. Sus hijos: Zandy de 23 años, Kaitlyn de 22, Doug de 15 y Mike de 14

Por qué ingresé al ejército: “Me atrajo el ejército debido al trabajo en equipo, por la camaradería que fomenta, y para dar algo de mi tiempo a mi patria. Siempre quise ser soldado y sólo me desvié de esta intención poco tiempo, cuando me fue bien con el fútbol en la escuela secundaria y las universidades me ofrecían un lugar.  Lógicamente, la oportunidad de ir a West Point me permitió vivir lo mejor de ambos mundos”.

 
  Hijos de Doug Turrell

El mayor desafío: “La separación de la familia, [a pesar de que] las separaciones mientras yo estaba en el ejército en tiempo de paz no pueden compararse con los periodos que tienen que pasar hoy los soldados en el frente de guerra, y esto desde 1991”.

Equilibrio entre la familia y el servicio militar: “Lisa y yo hablábamos mucho acerca de lo que yo haría y lo que ella necesitaba hacer en casa… Mis días en el ejército fueron antes de que existieran los teléfonos celulares y el correo electrónico, así que debíamos confiar en las cartas… Hubo tiempos duros – extrañar a mis seres queridos y no ver crecer a mis chicos, o sus desfiles de Halloween, o perderme a Santa Claus ese año – así que eso hizo más especiales estos preciosos y valiosos momentos juntos”.

 
Douglas Turrell

Lo que aprendí de los militares y que espero transmitir a mis hijos: “Les digo a mis hijos por qué es importante comprender y honrar lo que el abuelo hizo en Alemania, Corea y Vietnam, lo que su padre hizo en Corea, Centroamérica y en el Sinaí, y lo que es más importante aun, lo que los soldados, marinos, pilotos e infantes de marina hacen hoy en el Medio Oriente. Llega un momento en que todos debemos devolver algo a este gran país, ya sea como voluntario en algún hospital de veteranos o jurando defender Estados Unidos.

Teniente Coronel Douglas E. Oldmixon

Guardia Aérea Nacional de Wisconsin, veterano durante 25 años
En Irak en 2006 y 2008
Casado con Jo-Dee durante 25 años. Sus hijos: Madeline de 22 años y Benson de 20

Por qué ingresé al ejército: “Me enlisté en la Guardia Aérea Nacional para hacer algo por mi país. En ese momento no estaba seguro de hacer carrera ahí, pero sabía que necesitaba contribuir en algo… Nunca me he arrepentido de esta decisión”.

 
Magdeline y Benson Oldmixon, un cadete de segundo año de la Academia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, con Jo-Dee y Douglas Oldmixon.

El mayor desafío: “A principios de 1990, cuando teníamos dos hijos pequeños en casa, nos mudamos de Wisconsin a Texas. Ambos estábamos iniciando nuevos negocios en la época en que estallaron el Escudo y luego la Tormenta del Desierto… Jo-Dee fue increíblemente fuerte ante todos estos desafíos y eso nos ayudó. Además, teníamos una gran red de apoyo de nuestra gran familia por ambos lados, nuestra parroquia y nuestra comunidad”.

Dios, la patria y la familia: “Empezar con una sólida fe en que Dios ama a cada uno de nosotros con un íntimo cuidado más allá de toda nuestra comprensión; a esto agregar una profunda convicción de que Estados Unidos ha sido llamado a una misión especial entre las naciones: seguir siendo una fuerza para el bien y un ejemplo de lo que es posible lograr cuando se apoya y se estimula una libertad responsable y, finalmente, reconocer que fui llamado para vivir mi misión el resto de mi vida en una relación de matrimonio amoroso con la responsabilidad de asistir y guiar a nuestros hijos para que encuentren su misión. Como padres, hacemos esto principalmente como ejemplos, consejeros y guías. El principal papel como ejemplos es la influencia más poderosa que pueden tener los padres patriotas católicos”.

Lo que aprendí de los militares y que espero transmitir a mis hijos: “Tengo la esperanza y confianza de que mi servicio a una causa que me rebasa, como patriota católico, será un ejemplo para mis hijos, y les inspirará un compromiso similar con un ideal digno que conservarán en su corazón”.

Mayor Jefferey O’Donnell

Comando Europeo, Oficial de Comunicaciones, 13 años en servicio activo
Dos veces en Bosnia-Herzegovina y ocho años en Alemania
Casado con Johanna durante nueve años. Sus hijos: Nore de 7 años y Nicholas de 5

Por qué ingresé al ejército: “Para servir a mi país y trabajar en una profesión en la que sintiera que hacía algo importante, donde tuviera la oportunidad de causar realmente un impacto positivo en el mundo”.

El mayor desafío: “Tratar con soldados problemáticos. Aunque constituyen solo un pequeño porcentaje, pueden quitarnos una excesiva cantidad de tiempo. No es fácil administrar o ejercer la justicia militar, pero es una de las responsabilidades del liderazgo.”

Equilibrio entre la familia y el servicio militar: “Para mí la clave ha sido recordarme constantemente a mí mismo que el Ejército es una carrera excepcional y gratificante, pero que mi familia es para siempre. No quería darme cuenta un día de que mis hijos habían crecido y que me había perdido su niñez. No es fácil hacerlo en tiempos de guerra o en misiones largas, pero mantenerme centrado en esto me ha ayudado a lograr un equilibrio en “mi vida”.

 
Jeffrey O'Donnell y su hijos

Dios, la patria y la familia: “Representan los tres pilares de mi vida. Para mí ha sido sumamente importante mantener mi fe católica y transmitirla a mis hijos. Servir como militar me permitió sentir que contribuyo con algo a mi país. Mi familia es el núcleo de mi vida, la entidad que alimenta todas mis otras acciones con sentido y propósito”.

Lo que aprendí de los militares y que espero transmitir a mis hijos: “El servicio militar provocó que me enfocara en lo que es realmente importante en mi vida, es decir, mi familia y mi relación con Dios… Estar lejos de la familia obliga a darse cuenta que ésta es lo que hace la vida especial, no el consumismo ni los demás problemas de la vida diaria. Los militares confirmaron mi creencia de que los valores son importantes y que existen muchos valore intrínsecos que trascienden nuestra existencia diaria. El consumismo y lo que muestra la industria del entretenimiento no son valores ni son dignos de emularse, sino que servir su país, trabajar duro y compartir la fe en Dios es realmente lo que importa”.

Teniente Coronel Jack Haefner

Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos, Washington, D.C.
Casado con Toni desde hace 14 años. Sus hijos: Cora de 8 años y Lucas de 5

Por qué ingresé al ejército: “Quería servir, lo traía en la sangre. Creo que todos los hombres lo traen por dentro: el sacrificio es probablemente una parte de la ley moral natural. Es algo que podía de poner en práctica. La clave es llevar este liderazgo de servicio a todos los aspectos de la vida, no empieza ni termina con el trabajo”.

Equilibrio entre la familia y el servicio militar: “En nuestra familia es significativo que colocamos a Dios en el centro. Esto significa que hacemos juntos una Ofrenda Matutina en la que ninguna persona está en el centro y en la que la verdad está en Él. A mediodía llamo a casa y juntos oramos un Ángelus; por la noche oramos La Magnífica antes de la cena. Procuramos realizar algún sacrificio durante la cuaresma y celebramos cuando es posible: ayunamos los días de ayuno y festejamos los días de fiesta. Hacemos del sábado un día de trabajo a fondo y de los domingos el día de las cosas importantes – la Misa – y después el tiempo dedicado a la familia: sin trabajo, sin viajes de trabajo programados si es posible, quizás un peregrinaje familiar u otros paseos por el estilo… Es la gracia [de Dios] la que nos permite que estos calvarios que enfrentamos día con día transformen nuestras vidas”.

 
Toni y Jack Haefner y sus hijos

Dios, la patria y la familia: “En primer lugar, todas nuestras acciones deben dirigirse a Dios: la principal causa ya que todo emana de Él… La familia debe ver que, como parte de este plan amoroso, existe un orden, un sacrificio”.

Lo que aprendí de los militares y que espero transmitir a mis hijos: “Un sentido del deber y sacrificio… Sin embargo, pienso que esto se habría perdido para mis hijos si nuestra familia no hubiera estado fundamentada en Cristo. Aún son jóvenes pero ya entienden que podemos ofrecer nuestros sacrificios por el bien de otros”.

Teniente Coronel Gary Kugat

Comandante, Fuerza Aérea de Estados Unidos, 15º Escuadrón Meteorológico Operacional
En Irak, 2007-2008
Casado con Catherine desde hace 16 años. Sus hijos: Katrina de 13 años, Andrew de 10 y Kendall de 5

Por qué ingresé al ejército: “Los médicos militares salvaron mi vida un par de veces (apendicitis complicada en la adolescencia y cirugía en la cabeza durante la infancia). Sentí que les debía algo”.

El mayor desafío: “Los mayores desafíos son probablemente las mudanzas frecuentes… Estar en el Pentágono el 11/S fue el evento más difícil que tuve que enfrentar en el largo plazo, aunque mientras los eventos se desarrollaban solo seguimos adelante con lo que debía hacerse. Un evento que nunca deseo vivir otra vez es entrar a un avión dejando atrás a mi familia después de un descanso en época de guerra … pensar en ver a todos los que me dicen adiós con esos desanimados rostros todavía me rompe el corazón. Pero hacemos lo que tenemos que hacer”.

 
Gary Kugat

Equilibrio entre la familia y el servicio militar: “Para mí lo que lo me ayudó fue saber que probablemente mi esposa es más fuerte que yo, y que haría lo mejor para ayudar a los niños a superarlo. Incluso durante las temporadas en el frente, siempre traté de darme un tiempo para ser papá, aunque fuera un papá lejano. Probablemente a veces los niños no contaban con que papá les diera una lección, pero si era lo que necesitaban la recibían. El correo electrónico y la tecnología para permanecer en contacto fueron de gran ayuda mientras estaba lejos”.

Lo que aprendí de los militares y que espero transmitir a mis hijos: “Les muestra que a veces debemos sacrificarnos por otros y no ser egoístas. Muestra que a pesar de nuestra mala suerte y los retos que enfrentamos, podemos estar juntos como una familia amorosa, en algunos casos más que mucha gente que conocemos que vive una vida menos difícil, porque queremos hacer el esfuerzo e intentarlo. El servicio militar también me brindó muchos grandes hombres para usarlos como modelo, hombres que de otra forma nunca hubiera conocido, hombres que me muestran lo que es ser un buen papá todos los días, y esto me hace realizar un esfuerzo aun mayor para ser también un buen papá.

Capitán James R. Minicozzi

Cuerpo de Comunicaciones del Ejército de la Guardia Nacional de Pennsylvania
Comandante, 55º Brigada del Batallón de Tropas Especiales, Equipo de Combate de Brigada
En el frente en Irak y Afganistán; veterano durante 13 años
Casado con Christine durante cinco años. Su hijo: Wesley de 2 años.

Por qué ingresé al ejército: “Lo que realmente me motivó a ingresar al ejército fue el servicio a nuestro país, ya que no a todos les nace servir a su país”.

El mayor desafío: “Cuando veo soldados que no desean servir y cumplir con el compromiso contractual que juraron cuando se unieron voluntariamente al ejército debido a una razón u otra, ya sea por razones económicas o relacionadas con el frente de guerra, trato de centrarlos en el verdadero significado del servicio por encima de ellos mismos y el inmenso significado del servicio”.

 
James Minicozzi y su hijo Wesley

Equilibrio entre la familia y el servicio militar: “Soy un firme creyente de que no se sirve solo, que la esposa es una inmensa parte del servicio junto con toda la familia… Creo que cuando se entiende que se es uno y que el servicio es el servicio de la familia, desaparecen muchas de las exigencias y presiones porque el respeto y el aprecio mutuos alivia gran parte de las exigencias y presiones”.

Dios, la patria y la familia: “El compromiso de uno con Dios, la patria y la familia” va unido a “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Sencillamente porque Dios es Vida… si se vive cada día para Dios, la patria y la familia, ¡se vive una gran vida!”.

Lo que aprendí de los militares y que espero transmitir a mis hijos: “El orgullo y el respeto que tengo por el ejército y nuestro país… Mi servicio militar me ayuda a ser un mejor papá porque no doy nada por sentado. Quiero hacer todo con mi hijo y mi familia porque mi servicio militar me ha enseñado que el futuro es limitado. Haz lo que puedas hacer hoy con tu hijo y tu familia porque no sabes lo que te depara el mañana: solo Dios lo sabe”.

Gerald Korson, editor y periodista con más de 24 años de experiencia, es el editor de “The Wonders of Lourdes” (Magnificat, 2008), y uno de los autores de “Amazing Grace for Fathers” (Ascensión Press, 2006). Él y su esposa, Christine, educan a sus 11 hijos en Fort Wayne, Ind.