El Amor


Amor es cosa de hombres

Hombres, estas son las buenas noticias. El amor no son las escenas efusivas de las películas a las que sus novias solían arrastrarlos o las letras de la melodía que desearía poder sacarse de la cabeza. Es cierto, el amor tiene mucho que ver con las emociones y hace que uno se sienta bien, pero estas no son las partes más importantes del amor y no siempre duran.

El hecho es que el amor (el tema sobre el que los hombres tan a menudo evitan hablar con sus amigos o incluso con sus esposas) es en buena medida cosa de hombres. Y no se lo aseguro yo, sino Dios.

“No hay amor más grande que el del hombre que da la vida por sus amigos”, dijo Jesús la noche antes de ser crucificado.

Ahora bien, a eso pueden referirse los hombres. El amor tiene que ver más con acciones que con sentimientos. De hecho, el amor puede implicar superar sus emociones para actuar de manera afectuosa. ¿Quién, después de todo siente que puede dar la vida por sus amigos o incluso por su familia? El temor emocional de la muerte debe superarse de tal forma que pueda revelarse la verdadera naturaleza del amor.

Acción, resolución, resistencia, perseverancia, sacrificio: estas son cosas de hombres.

Continuemos.

Esto es algo que puede no haber oído en el púlpito últimamente, pero es lo que enseña la Iglesia: el amor es un acto de la voluntad. Búsquelo en el Catecismo de la Iglesia Católica (párrafo 1766): “Amar es desear el bien a alguien. Los demás afectos tienen su fuerza en este movimiento original del corazón del hombre hacia el bien".

El amor involucra en primer lugar la voluntad, no las emociones. Otra cosa de hombres.

El amor también exige sangre, sudor y lágrimas: el hombre por completo y todo lo que puede darles a sus seres amados. Este es el tema de tanta literatura, desde los antiguos griegos hasta la fecha. El amor se resiste a los límites, busca lo eterno, salta a la luna y corre toda la noche para ver a su ser amado.

Después de todo, ¿qué hombre no se conmueve hasta lo más profundo de su corazón con la canción "Sueño imposible"? ¿Combatir “hasta el último aliento” para “con fe lo imposible soñar y la estrella alcanzar”? Cursi, quizás, pero conmovedor e inspirador sin duda. Para amar, los hombres deben tener ideales, sueños, búsquedas imposibles, peligros y conquistas.

Llevándolo al terreno religioso, llegamos a San Pablo. Él dijo algunas palabras sabias sobre el amor, que a menudo pasan desapercibidas en el clímax emocional de una ceremonia de boda, donde se leen con tanta frecuencia. Tómese un momento para pensar sobre estas palabras en el contexto de la fortaleza y virtud masculinas:

El amor es comprensivo, el amor es servicial. No tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.

Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca. …

La fe, la esperanza, el amor perdurarán, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”.

Observe cómo San Pablo dice lo que no es el amor (presumido, mal educado, egoísta), así como también lo que es (comprensivo, servicial) y lo que hace (disculpa, cree, espera, aguanta). Esta es una excelente descripción del amor y es algo con lo que los hombres deberían sentirse muy cómodos.

Finalmente, veamos lo que dice nuestro Papa actual, Benedicto XVI. ¿Qué tiene que decir él sobre el amor? Él escribió un libro sobre el tema, o por lo menos su primera encíclica (documento de enseñanza) sobre el tema del amor. No permita que el latín lo asuste. Deus Caritas Est significa Dios es amor.

El amor y Dios pueden sonar completamente femeninos si piensa que la religión es sólo para mujeres y niños o incluso si abandonó esa gran búsqueda para descubrir los misterios más profundos de la vida y alcanzar la "estrella inalcanzable". La religión (la búsqueda de la perfección, la inmortalidad, la verdad, la belleza y, en última instancia, el significado) con toda seguridad es, o debería ser, una cosa de hombres.

En su carta sobre el amor, el Papa Benedicto escribe bastante abiertamente sobre hombres, mujeres y sexo. Dice que el eros, entendido como deseo sexual, es bueno y saludable. Forma parte del amor que Dios coloca en nuestros corazones para extraernos de nosotros mismos hacia los otros. Sin embargo, el eros sin control puede convertirse en un deseo egoísta que ve al otro como un objeto sexual y no como a una persona.

El eros, inmaduro y centrado en sí mismo, debe ser atenuado y purificado por el agapé, que es, como explica el Papa, “la experiencia de un amor que implica un descubrimiento real del otro, que va más allá del carácter egoísta que prevalecía anteriormente. ... busca el bien del ser amado: se convierte en renuncia y está preparado, e incluso dispuesto, para el sacrificio".

Adivinó: es cosa de hombres.