La Oración

¿Por qué debemos rezar?

Seamos claros desde el principio.

No rezamos para hacer feliz a Dios. Rezamos para hacernos felices a nosotros mismos.

No rezamos para decirle a Dios qué queremos. Rezamos para preguntarle a Dios qué desea de nosotros.

Necesitamos la oración a fin de ser conscientes de Dios y de su vital importancia en nuestras vidas. Como lo señaló San Gregorio de Nazianzus: “Debemos recordar a Dios más a menudo de lo que respiramos”.

Así como no podemos vivir sin respirar, ¿tentamos así a la muerte sin la oración? La oración protege nuestra sólida y vigorizante relación con Dios, cuyo Espíritu nos salva de caer en la esclavitud del pecado.

La oración asegura que nuestro tesoro más preciado sea nuestra amistad con Jesús. Como nuestro Señor nos recuerda: “donde esté su tesoro, allí también estará tu corazón” (Mateo 6:21).

Debemos recordar que la oración no mantiene “al día” a Dios con relación a nuestras vidas. Como nos lo recuerda el Catecismo, “Nuestro Padre sabe bien lo que nos hace falta antes de que nosotros se lo pidamos (cf. Mt 6, 8) pero espera nuestra petición porque la dignidad de sus hijos está en su libertad” (2736).

Debemos rezar a fin de ejercer nuestro libre albedrío de forma que revele que nuestro deseo máximo es ser uno con Dios. En la oración descubrimos nuestra dignidad más verdadera porque “Dios nos ha puesto en el mundo para conocerle, servirle y amarle, y así ir al cielo” (1721).

La oración nos mantiene realistas sobre nuestras limitaciones e impotencia. Como afirma Santa Teresa de Lisieux: “Es la oración, es el sacrificio lo que me da toda mi fortaleza, estas son las armas invisibles que Jesús me ha dado”.

La oración purifica y perfecciona nuestras vidas a medida en que elimina las distracciones, las decepciones y las desilusiones del mundo.

La oración brinda una base firme para construir y modelar todas las demás relaciones en nuestras vidas. La oración nos alerta que no estamos solos en nuestras vidas de fe. Porque la oración no sólo nos acerca a Dios, sino que nos une a todos los otros santos que aman a Dios como nosotros.

La oración nos recuerda gentilmente que nunca puede alcanzarse a Dios únicamente con los pensamientos. Es sólo a través del amor vivido que podemos alcanzar a Dios. Necesitamos el abrazo de la oración para hallar la
verdad y felicidad que nunca cesamos de buscar.

Este artículo se extrajo del folleto A Life of Prayer: A Guide for Men (Una vida de oración: una guía para los hombres), del Padre John Peter Cameron, O.P. Para leer el folleto completo en línea o para solicitar una copia impresa, visite El Estante de Libros del Padre.