LA VIRTUD


Los hombres de verdad eligen la virtud

Por Tim Gray

Las virtudes nos brindan un modelo para ser hombres. De hecho, el propio término virtud proviene de la palabra latina para hombre, vir.

Para los antiguos, ser varonil era ser virtuoso. El término virtud en latín (virtus) significa poder, fortaleza y habilidad. De este modo, las virtudes son hábitos que nos dan el poder para actuar de manera varonil, con la fortaleza suficiente para hacer lo que es correcto.

Sin virtudes, no seríamos hombres devotos ni verdaderos. Las virtudes son la base del carácter y sin ellas nuestras vidas morales eventualmente se desmoronarían bajo las presiones del mundo.

Las virtudes son esenciales para vivir bien y, aún más, para vivir bien la vida cristiana. San Pedro exhortó a los primeros cristianos sobre el papel vital de las virtudes al decir,

“obrando con toda diligencia, anadid a vuestra fe, virtud” (2 Pedro 1:5). Unos versos después nos dice que la práctica de las virtudes evitará que seamos “ociosos ni sin fruto” al seguir a Jesucristo. En otras palabras, nuestras vidas sólo serán tan eficaces, útiles y fructíferas en la medida en que seamos virtuosos. No es de extranar que San Pedro nos advierta que debemos “obrar con toda diligencia” para lograr la virtud.

Este artículo se extrajo de Lay Witness Magazine (junio de 2000).