LA VIRTUD


La valentía

Por Tim Gray

La vida de un hombre requiere valentía

Las cuatro virtudes cardinales son la prudencia, la justicia, la fortaleza (es decir, el coraje) y la templanza. También están las tres virtudes teológicas: la fe, la esperanza y la caridad (el amor).

Para este artículo, examinemos detalladamente una de ellas, la virtud de la valentía. Santo Tomás de Aquino entendió que la valentía  es la base de todas las virtudes, dado que para practicar cualquier virtud sistemáticamente se requiere la firmeza de carácter que proviene de la valentía.

Ser sincero requiere coraje, especialmente  cuando es difícil decir la verdad. De todas las virtudes, la valentía  es la que a menudo se asocia  en especial  con los hombres. Los hombres son duros y fuertes y, por lo tanto, valientes.

Sin embargo, con mucha frecuencia, esta asociación nos da una imagen reducida del coraje, una imagen que ve que la valentía  sirve simplemente para pelear. Sin duda, los soldados deben ser fortalecidos por la valentía, pero ella es más grande  que el campo de batalla.

Se necesita valentía  en una diversidad de formas de las que pocas veces nos damos cuenta. Por ejemplo, ¿se da cuenta de que ser generoso con nuestro dinero y bienes materiales requiere valentía? Las cosas que requieren la virtud de la valentía  pueden oscilar desde cuidar a alguien con una enfermedad grave, hacer un viaje en avión o simplemente estudiar.

De hecho, la virtud de la valentía es tan básica que la necesitamos para ejercer todas las demás virtudes.

?Qué se entiende por valentía? La valentía es la fortaleza de la voluntad que nos permite vencer el miedo. A menudo sucede que sabemos lo que deberíamos hacer, pero tenemos miedo de hacerlo por las consecuencias que podemos sufrir. El temor hace que nuestra voluntad no se sienta inclinada a seguir nuestra razón debido a alguna dificultad. La valentía garantiza que tendremos la firmeza de mente y voluntad para superar nuestro temor y hacer lo que es correcto y bueno independientemente de las dificultades.

De este modo, Santo Tomás de Aquino dice que la “fortaleza del alma debe ser tal que una firmemente la voluntad al bien de la razón ante los males más grandes”.

Valiente hasta el fin

La valentía también implica que estemos preparados para morir a expensas de lo que es correcto. Nuestra fe cristiana deja en claro que debemos estar dispuestos a morir en lugar de pecar. Esto es lo que los mártires han hecho al dar sus vidas por Cristo.

Un ejemplo clásico de este aspecto del coraje se encuentra en la historia de Eleazar (cf. 2 Mac. 6:18-31). Durante una persecución pagana de los judíos, se le dice a un anciano, Eleazar, que debe hacer un sacrificio a los dioses y comer cerdo (lo que es prohibido para los judíos).

El relato dice que Eleazar tomó coraje como deben hacer los hombres y se rehusó a romper la ley de Dios, incluso bajo la amenaza de muerte y tortura. Algunos de los oficiales le dieron a Eleazar la opción de simular su homenaje a los dioses, pero él responde:

“Pues aunque me libre al presente del castigo de los hombres, sin embargo ni vivo ni muerto podré escapar de las manos del Todopoderoso. Por eso, al abandonar ahora valientemente la vida, me mostraré digno de mi ancianidad, dejando a los jóvenes un ejemplo noble al morir generosamente con ánimo y nobleza por las leyes venerables y santas” (énfasis agregado).

Eleazar es un modelo excepcional de cómo incluso el bien de la vida no debe ser más preciado que Dios y su ley.

Para navegar bien los mares tormentosos de nuestras vidas, necesitamos la firmeza de carácter que proviene de la valentía. Sin valentía no nos animaremos a actuar, y nuestros muchos temores al viento y a las olas nos impedirán perseverar en nuestra ardua jornada. Los valores no mantendrán nuestras mentes y corazones armados contra la tormenta, pero el hábito de la valentía nos dará la fortaleza de seguir navegando, no importa lo que pase, por la gracias de Dios.

Este artículo se extrajo de Lay Witness Magazine (junio de 2000),