LA VIRTUD


Sin dolor no hay triunfo

Por Tim Gray

El temor nos hace retirarnos de una dificultad percibida. Tememos sufrir algún mal o perder algo que deseamos y así permitimos que el temor dicte nuestras acciones, en lugar de actuar de acuerdo con lo que es correcto conforme a la voluntad y la ley de Dios.

El temor puede ser lo suficientemente fuerte como para evitar que las personas actúen debido a alguna dificultad o amenaza. Así, algunas personas temen volar y su miedo les impide viajar ya sea por negocios, familia o fe.

¿Imagine si San Pedro se dejara vencer por el temor a navegar (viajar en barco en su época era mucho más peligroso que viajar en avión ahora) y decidiera no evangelizar gran parte del Imperio Romano?

O, ¿qué sucedería si Beethoven hubiera cedido a sus temores y hubiera dejado de escribir sinfonías después de quedarse sordo? Se puede perder mucho por temor.

Todos nuestros desafíos diarios requieren la firmeza de mente y voluntad que brinda la virtud. Un estudiante puede tener temor a tomar el mejor curso en su campo porque el profesor es exigente. Un hombre puede temer evangelizar a un companero de trabajo por miedo a lo que él otro va a pensar de él o de no poder responder a cada objeción. Algunos tienen miedo de usar una computadora o aprender una nueva habilidad porque sería demasiado complicado para ellos.

Tememos decirles no a los demás porque deseamos ser apreciados. En el hogar, ¿cuántos padres no disciplinan a sus hijos por temor a que sus hijos no los quieran?

Las personas no son sinceras por temor. A menudo decimos una mentira porque tememos que decir la verdad nos cause alguna clase de profunda pena.

El temor nos impide ser hombres de acción, es mucho más seguro ser un espectador de la vida. Nada se arriesga, nada se gana. La clave para ser un hombre de acción es ser un hombre de coraje. Esta virtud nos brinda la determinación para resistir las tentaciones y superar los obstáculos en la vida moral. En comparación con otras personas, los cristianos tienen más motivo para crear valentía, porque nuestro Dios es el Dios de toda la creación y nos ha redimido y liberado de los poderes del mal.

Este artículo se extrajo de Lay Witness Magazine(junio de 2000).