LA VIRTUD

La calidad de la virtud

La virtud, en su raíz, tiene que ver con los hombres.

Si supiera cuáles son las teclas que permiten insertar una de esas caritas felices, la incluiría al final de la oración anterior. Lo que quiero decir es que la raíz latina de la palabra virtud es vir, que significa hombre. Así que nuestra palabra virtud está vinculada a lo varonil, a la fortaleza y a la valentía.

Pero quizás debería darle la vuelta a la oración para decir que: Los hombres, en sus corazones, tienen que ver con la virtud. La cuestión es que, como quiera que se mire, los hombres y la virtud van juntos.

Pero ¿qué significa la virtud en los términos de hoy? Buscar en el conocido sitio de información en Internet “about.com” no ayuda mucho. Escriba “virtud”: lo enviarán a la categoría “Agnosticismo/Ateísmo” que tiene extensos artículos sobre la ética filosófica. Parece que el simple concepto de la virtud de alguna manera se ha perdido en la mente popular.

Volvamos entonces a lo básico. Tradicionalmente, existen cuatro virtudes cardinales, así llamadas porque la palabra cardinal proviene del latín para “bisagra”. Estas son las bisagras en torno a las cuales giran todas las demás virtudes:

Templanza

Prudencia

Fortaleza

Justicia

En lenguaje simple, la templanza es la fortaleza para controlar su comportamiento y dominar sus apetitos excesivos. Hemos oído de sociedades de templanza con respecto al consumo de alcohol, pero la virtud va mucho más allá para alcanzar todos nuestros pensamientos, palabras y acciones. ¿Soy un hombre con autocontrol o permito que las emociones y los impulsos internos me controlen?

La prudencia es la capacidad o la sabiduría para efectuar juicios y tomar decisiones correctas en situaciones difíciles. La persona prudente sabe cuándo soltar o contener una palabra o acción y cómo llevarse bien con las personas sin simplemente ir con la marea. La clave de la prudencia es saber lo que es importante y buscar la mejor forma de lograrlo.

Ahora llegamos a la fortaleza, que puede involucrar una resistencia constante o una actitud de “aférrese a ello”. Permanezca en el camino, no lo abandone, siga trabajando duro, siga avanzando. La vieja creencia popular “Si al principio no tienes éxito, intenta, intenta de nuevo” se aplicaría aquí.

La cuarta virtud cardinal es la justicia. En términos coloquiales podríamos decir que es hacer algo correcto por alguien. La justicia procura hacer el bien e implica juicios de valor (existe lo correcto y lo incorrecto y debemos distinguir entre ellos), algo que nuestra cultura de “no juzgues” a menudo aborrece. La justicia une realmente las cuatro virtudes cardinales porque me dice que las cosas buenas no valen sólo para mí, sino para todos. Debo actuar de una manera que me beneficie no sólo a mí mismo sino también a los demás.

Piense en estas virtudes como características o hábitos personales que deben desarrollarse con el transcurso del tiempo y pregúntese: ¿cómo estoy?