LA VIRTUD

Valores de virtud

Por Tim Gray

Nuestra sociedad supone que los valores son la clave de la moralidad. Los programas de educación moral basados en los valores ejemplifican la convicción moderna de que la moralidad no es otra cosa que el arte de hacer las elecciones correctas que, a su vez, están guiadas en su totalidad por los valores de cada uno. Se podría criticar este enfoque de la moralidad con argumentos filosóficos, pero mi crítica es simple y concreta.

Lo esencial es que los valores no vuelven morales a los hombres. Eso puede sonar radical, pero examinemos algunos ejemplos de sentido común.

Puedo valorar navegar, pero eso no me hace un navegante. De la misma manera, muchos hombres pueden valorar la fidelidad en el matrimonio, pero no los hace fieles. De hecho, la mayoría de los hombres que han cometido adulterio valoran la fidelidad, pero a pesar de sus valores, abandonan trágicamente sus votos.

Tener buenos valores está bien, pero la batalla de la moralidad no se trata tanto de saber lo que está bien sino de hacer lo que está bien. La diferencia entre querer hacer el bien y realmente hacer el bien es enorme.

Por ejemplo, puedo valorar volar, pasar incontables horas como pasajero y ser el mayor fanático de la aviación, pero eso no me permite volar un avión. Para volar, se deben tener las habilidades de un piloto. Muchas personas desean volar, pero pocas tienen la capacidad para hacerlo.

Si nuestra vida moral va a despegar, debemos adquirir las habilidades necesarias para “volar”.

Muchos hombres desean ser buenos esposos y padres, pero si este deseo no se complementa con las virtudes (las habilidades para la vida moral exitosa), entonces es improbable un aterrizaje seguro. Para guiar el barco de nuestra vida moral hacia el puerto debemos ser hombres con experiencia en las virtudes y así poseer los hábitos que nos permitirán vivir los valores que profesamos.

Los valores por sí solos no serán suficientes.

Este artículo se extrajo de Lay Witness Magazine  (junio de 2000).