Qui nous sommes

UN PÈRE EST... protecteur… engagé… mari aimant… ET QUOI ENCORE!
Bienvenue sur le site DES PÈRES POUR BIEN FAIRE, une initiative des Chevaliers de Colomb destinée aux hommes.

Que vous soyez un père chevronné, devenu père tout récemment,  en attente de paternité, ou simplement un célibataire désireux d’en apprendre davantage sur la paternité, ce site vous concerne.

Il y a un rôle que seul un père peut jouer et des cadeaux que seul un père peut offrir. Au sein d’une culture qui ne privilégie pas la paternité, nous désirons attirer l’attention sur les contributions uniques des hommes, des maris et des pères. Le monde serait appauvri sans leur présence.

Nous accueillons également des femmes qui désirent apporter leur soutien à leurs maris qui font tant d’efforts pour devenir les meilleurs maris qui soient.

Sur ce site vous trouverez les éléments suivants – 

• Information

• Inspiration

• Judicieux conseils

• Foire aux questions

• Interaction

• Échange d’anecdotes

Regard sur la manière de vivre la vocation à la paternité

• Moyens de renforcer votre mariage

• Les brochures Saint-Joseph

UN PÈRE … c’est une œuvre en marche. En effet, la tâche d’un père n’est jamais terminée – car il peut toujours découvrir du nouveau au sein de sa famille et transmettre des nouveautés à ses enfants; il aura à y faire des sacrifices et pourra aussi en recevoir de magnifiques primes; il y vivra l’amour qu’il y apportera et l’amour qu’il en recevra.

UN PÈRE … est appelé par Dieu le Père. C’est cette vocation sur laquelle repose le fondement de la paternité. Évidemment, aucun père de la terre n’arrivera à être comme « notre Père qui est aux cieux ». Cependant Dieu accorde certaines grâces aux pères qui se mettent à sa recherche et qui suivent ses voies.

UN PÈRE … c’est un homme ordinaire qui, appelé à accomplir des choses extraordinaires, possède les moyens de les réaliser tous les jours – travail, soutien, protection, prière, engagement envers la famille et servir d’exemple à ses enfants dans la fidélité à sa femme.

À tous et chacun d’entre vous, Messieurs… Bienvenue!

Formando parte de la imagen, a los pies de la Virgen se encuentra un ángel extraño, con rostro de niño y una calvicie parcial que indica vejez. Sus alas no son las de una paloma, sino de un águila, con tres colores: verde azuloso, blanco amarillento o marfil, y, finalmente, rojo. Recibe el nombre de “Ángel de la Virgen de Guadalupe”. Aunque para los españoles resulta extraño, para la mentalidad indígena es perfectamente coherente y está en armonía con todo lo demás.

Recordemos que el águila era el ave que podía volar más alto, y era símbolo del propio sol, ya que era la criatura que podía llegar más cerca de él y llevar la esencia del alimento para el sustento de los dioses. El águila llevaba en sus garras los corazones y la sangre de las víctimas que habían sido sacrificadas para sustentar a los dioses. También era el águila la que llevaba la cosecha de vida, de corazones y la sangre consagrada para alimentar a los dioses. Era muy importante para México, ya que indicó el lugar preciso donde debía fundarse la ciudad y donde construirían el templo de Huitzilopochtli, el sol en el cenit.

El Ángel: El Mensajero

Es entonces un ángel, mensajero, niño y anciano al mismo tiempo, a la vez lleno de fuerza y sabiduría que nos muestra ahora el verdadero alimento. Es éste el mensaje de amor que es toda la figura de María, quien nos trae a Jesús en su vientre, amor completo y total, y viene a entregarlo a todos los seres humanos en un templo, la manifestación de una civilización del amor. Todo esto es una nueva conformación de la absoluta coherencia de todo el mensaje. En el templo es donde se celebra el sacramento central: la Eucaristía. Expresa entonces una verdad enorme y crucial: No son ustedes los destinados a alimentar a los dioses con la sangre y los corazones de las víctimas de la piedra de sacrificios, sino que es mi Hijo Jesucristo. El verdadero Dios por quien se vive, Señor del cielo y de la tierra, Dios de la cercanía y la intimidad, quien se ofrece a sí mismo como alimento, como lo dice el propio Jesucristo: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.

Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente». (Juan 6, 52-58). Es el Dios Todopoderoso quien se entrega en sacrificio por amor en la cruz. Así, Santa María de Guadalupe se presenta como la Mujer Eucarística.